El atentado de Manchester, Inglaterra, en un recital de Ariana Grande que dejó diecinueve muertes y más de cincuenta heridos nos plantea un mismo interrogante circular ¿ cómo frenar la locura del islamismo terrorista? Podrán hacer algo más efectivo que sacar velos, poner velos los representantes del parlamento de los países que supieron cobijar millones de ciudadanos de Medio Oriente en sus territorios? Sin querer medirnos por las desgracias vividas, países como España y la ETA, Colombia y las FARC, supieron lidiar con más efectividad sobre las células terroristas que los gigantes del primer mundo. Si bien es cierto que ésos extremistas no miran banderas geográficas, sino religiosas, algo afín tienen los fanáticos: quieren la mayor cantidad de víctimas posible, adoran la prensa y esparcen el pánico sin chistar. Y la única manera de disuadirlos es ir a buscarlos en sus reductos y ser duros en la aplicación de la ley. No hay otra forma. Aquí los ciudadanos tenemos poco que hacer, tienen que actuar los gobernantes.
Soy de la opinión que el mundo se les hace tan intolerable a los terroristas como a los que tenemos que soportarlos. No debe ser fácil estar en los zapatos de alguien que cree que la civilización debió incrustarse en el Medioevo. Enfrentar realidades tan distintas a sus dogmas, cambios de paradigma, nuevas sexualidades aceptadas, el rol preponderante de las mujeres, el final del patriarcado que se anuncia en Occidente y que los pone en jaque . Está comprobado que cuánto más alto es el estándar de vida de un oriental rico, más frecuentan sus hijos nuestras universidades y se emborrachan en los boliches occidentales. Aunque sean miles de millones pujando en contra, nadie puede frenar la evolución del pensamiento.
Danzaremos, tomaremos alcohol y nos besaremos en público. Hagan sonar las bombas, si quieren. Nada hará que nos convirtamos a un dios que tiene el odio y la muerte como argumentos.
Fabiana Daversa. Foto: Alejandra Lopez



