Cuando escucho en las conversaciones de paso "soy femenina y no feminista", pienso qué suerte que la gente que fui eligiendo para que me acompañe por la vida piense distinto. En el diccionario de Wikipedia feminismo se define como "doctrina y movimiento social que pide para la mujer el reconocimiento de unas capacidades y unos derechos que tradicionalmente han estado reservados para los hombres".
La realidad es que en un país dónde muere una mujer a cada doce horas por violencia de género, no se puede ser otra cosa que feminista. Es como detestar el sol viviendo en la playa. O el chocolate en Bariloche. A parte, la conquista de derechos femeninos no daña a nadie, nos educa a la ecuanimidad y hace más justa la sociedad.
Lo más triste es escuchar a las mujeres que defienden ideales que las martirizan. El otro día se me coló en Facebook, no sé cómo, una señora que tiene una página de arte que para homenajear el Día de la Mujer colgó la Victoria de Samotracia, ésa famosa escultura de una mujer alada sin cabeza. Vaya ocurrencia. No me pude llamar al silencio. Palabra va, palabra viene, terminó llamándome ignorante. Y bueno, imposible hacer entrar en razón a alguien que considera que ya la tiene. Para peor, en ésa misma semana mi editor me cortó la cabeza en una foto genial de Ale López que ilustra la solapa de un libro. El cuerpo, que todo lo sabe, reaccionó de manera metafórica, jaqueca de la mañana a la noche. Sin duda, prefiero las victorias con cabeza.
Fabiana Daversa. Foto: Alejandra Lopez



