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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 07/may/2017 de La Auténtica Defensa.

Peaje, agua y plan ausente
Por Arq. Jorge Bader






Jorge Bader

La visita a Campana del Defensor del Pueblo significo la revisión de los temas que preocupan a la población y sobre los cuales es necesario poner el acento. El tema del peaje representa una valla a la integración territorial, objetivo primordial de la planificación urbanística, y el tema agua es una cuestión que afecta a la vida misma.

En el debate sobre el actual Código de Planeamiento, siempre estuvo subyacente la cuestión de la dispersión del territorio.

Los barrios extraurbanos adquieren en algunos casos la condición de "kelpers" en la cuestión de la incorporación al todo del partido. De hecho en la cultura popular muchos pobladores extraurbanos, hacen mención a "venir a Campana", cuando en realidad se movilizan al centro de su propia ciudad, dándole a su barrio de pertenencia la identidad de un territorio que a pesar de formar parte de Campana, es algo así como una vecindad extra territorial.

El debate de cualquier plan de desarrollo local no puede dejar de considerar este factor. Por ello una "aduana seca" como es el caso de un peaje, implica un cisma en la integración del territorio y agrava aun mas esa situación de "no pertenencia" a una misma realidad urbana. Más aun en los casos en los cuales la dependencia de la vinculación lo es por una única vía de circulación cuya jerarquía tiende a constituirla cada vez más en una avenida jerarquizada de interconexión intra urbana.

Algo me queda claro más allá de los múltiples argumentos expuestos por los vecinos, y es el hecho que también desde la Defensoría se coincide en la cuestión de la planificación física territorial como la base de todas las demandas en estos campos de gestión. Un plan fuerte y una convicción consensuada del criterio de desarrollo urbano no darían lugar a ningún debate sobre estas interposiciones que fragmentan un territorio.

El segundo tema tratado fue el del agua. Con ABSA, tenemos al menos cuatro aspectos fundamentales de debate, que no excluyen otros temas pero que en mi entender sintetizan en alguna forma un ámbito de definiciones razonables. Estos temas son: la calidad del agua, el mantenimiento de la red, el plan de gestión del servicio y el precio.

La calidad del líquido que nos proveen es prioridad uno, ya que los dimes y diretes derivados de las versiones circulantes desde el año pasado, nos someten a un miedo estructural pues, finalmente aun, no sabemos ciertamente, qué cosa es la que ponemos en el vaso o en la pava al momento de calentar el agua para el mate. No puedo salir del asombro cuando el cuestionamiento gira en torno a si nos envían o no, un análisis, si ABSA lo hace o si lo hace un laboratorio certificado o si lo hace el municipio o quien lo hace. Desde el momento en que las bombas derivan el líquido directo a la red, el monitoreo debe ser periódico y continuo, y así era en los periodos anteriores, donde se volcaban los resultados mensuales en planillas de evolución periódica y cualquier vecino podía consultarlas.

No parece razonable discutir el tema con un criterio sincrónico, es decir el corte instantáneo que representa un análisis puntual, ya que la provisión del agua no es una fotografía, sino una película que transcurre las 24 horas del día de todos los días. En este punto no se trata de peticionar, sino de imponer una cuestión contractual central que tiene que ver con la seguridad y la preservación de la salud de la población. Me pregunto, ¿tan difícil es disciplinar a un proveedor? En una ciudad dedicada a los servicios industriales cualquiera me va a interpretar. En el ámbito privado, basta un error en la calidad de un servicio para que se sufra la penalización inmediata del contratante.

Sin embargo en este caso centramos el debate con infinita paciencia en la espera de que nuestro proveedor único, monopólico y del cual estamos cautivos se digne a informarnos con un análisis cuan tranquilos podemos estar por un rato. Esto nos pone en una disyuntiva estructural que es la veracidad de los resultados, ya que frente a esta falta de seriedad podemos inferir que la discontinuidad implica alguna picardía o intencionalidad subyacente. Y por ultimo en este tema quiero destacar que la tasa de fiscalización que cobra el OCABA, órgano provincial de control de la prestación, es del 4% del monto facturado con lo cual estamos en presencia de un presupuesto enorme para una fiscalización ausente, ya que si existiera con la eficiencia que corresponde no estaríamos en este punto de discusión, peticionando por la defensa de nuestros intereses sanitarios.

El mantenimiento de la red es algo que me exime de comentarios ya que basta con recorrer la ciudad y disfrutar de la visión de nuestros manantiales surgentes que ya avanzan al punto de constituirse en un atractivo turístico. Para quien no interprete la humorada, me permito observar que eso que surge, periódica y aleatoriamente, de la juntas del pavimento en muchas calles de Campana, es nada más y nada menos que agua potable de las cañerías obsoletas que al momento de repararse se resuelven con acoples rápidos que solo resultan el paliativo temporal del parche circunstancial, ya que al poco tiempo la rotura se corre a otro sector del mismo caño.

La red de Campana es obsoleta, y el diseño del sistema de interconexión hace difícil el corte del suministro por cuadros acotados. No quiero entrar en un análisis técnico demasiado tedioso, simplemente creo que es necesario observar que estamos frente a una coyuntura central. Lo cual nos lleva al otro punto del razonamiento: el Plan. Y acá es donde es necesario centrar la discusión con este o cualquier proveedor que fuere. Cuál es el plan de renovación de la red, y el mantenimiento preventivo de la infraestructura. Finalmente la falta de un plan hace que operemos para la emergencia con la lentitud característica frente a las roturas y en el mientras tanto tengamos perdidas de suministro, costos de ineficiencia que pagamos todos, sea por los consumos energéticos, perdidas del recurso o las consecuencias en los pavimentos urbanos que a la postre, se han transformado en un ejemplo de la moda "Patchwork", una suma de remiendos que hacen el transito urbano una travesía digna de una excursión a las sierras de Córdoba.

Y por último, está el precio. Un tema no menor. Veamos un anexo que nos puede ayudar a clarificar la cuestión. En el caso del suministro eléctrico o el gas el precio está relacionado directamente con el consumo con lo cual frente al incremento de precios el consumidor analiza una revisión de la eficiencia de sus equipos o la disminución de su consumo. En el caso del agua la existencia de un área de servicio no medido implica una injusticia desde el aspecto del consumo responsable pero también una lectura vinculada a la falta de seriedad de la prestación ya que la inexistencia de un servicio medido podría interpretarse que está sujeta a la falta de inversión en la instalación de medidores por el costo que ello implica y el costo que también implica la lectura y el mantenimiento.

Los otros servicios no conciben la prestación del mismo sin una medición, aun cuando esa medición implique la aplicación de una tarifa social o preferencial. El 18 de marzo del año 2014 en un artículo del diario La Nación, ABSA informo que el esfuerzo iba a ser la instalación de medidores para hacer más equitativo y razonable el sistema de facturación, además de analizar el atraso tarifario y la situación de la recaudación global. Al parecer este criterio solo quedo en la expectativa ya que 3 años después cambios de por medio, estamos a fojas cero y con los mismos o mayores interrogantes. Y además, si la calidad del insumo es dudosa, el precio que pagamos, ¿qué sentido tiene? Si la provisión es de mala calidad el precio debiera ser simbólico ya que el insumo no es de consumo sino de uso sanitario, habida cuenta que para consumo debemos comprar agua envasada.

Como corolario simplemente me planteo que todas estas cuestiones básicas son parte de una planificación global del servicio donde se manejen las variables totales, calidad, prestación, mantenimiento, medición y precio. Y siempre termino con el mismo sinsabor, ordenar las cuestiones públicas es una tarea compleja, que requiere de mucha pericia y carácter, después de tantas ineficiencias históricas acumuladas. Mientras tanto, seguiremos calentando el agua mineral para el mate.

Arq. Jorge Bader - Matricula CAPBA 4015


 
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