Escandalosa, risotada, tímida o sardónica, la risa es un regalo que nos han dejado los dioses para que nos podamos conectar mejor con la vida. Según la historiadora Leonor Calvera, que hizo un gran trabajo en su obra Los fuegos de la risa, desde los tiempos más remotos la risa expresó un caudal de emociones que van más allá de la alegría.
El sabio iluminado se ríe porque comprende todas las cosas.
El pueblo ríe en las fiestas populares, liberado de las cadenas de los poderes constituidos, en dónde hallan el placer y el jolgorio.
El loco carcajea sin sentido.
El enamorado ríe de su dicha.
El irónico, de su desdicha.
Hace mucho tiempo, antes del siglo XVII, los sacerdotes incitaban a los fieles al risus paschallis, contándoles chistes sobre la victoria del bien sobre las obras del diablo y promoviendo canciones y sermones en las que se recordaba la resurreción de Jesucristo y su victoria ante la muerte. Ésa tradición se vio interrumpida por el papa Clemente X, hombre de poca risa, que consideró que le quitaba seriedad a la palabra de Dios.
Fabiana Daversa. Foto: Alejandra Lopez



