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» Este artículo corresponde a la Edición del jueves, 06/abr/2017 de La Auténtica Defensa.

Ganar y perder en el deporte, dos caras de una misma moneda
Por Claudio Fabio*




Al asistir al Evento Parapanamericano Juvenil observé que hay muchas delegaciones: algunas muy humildes y austeras, de pocos atletas y otras, poderosas, con gran cantidad de participantes y mucha inversión. Nuestra patria es una de estas últimas, pero no está en su esplendor. Hay delegaciones ausentes por voluntad propia (USA y Canadá) y hay otras ausentes por motivos económicos (Cuba).

Nuestro país cuenta con muy buenos profesores y entrenadores, que trabajan con muy poco apoyo institucional, y que no miden esfuerzos personales o familiares para "detectar o fabricar atletas". La gran mayoría son muy esforzados y tesoneros; dando mucho más de sí mismo a cambio de lo que reciben como paga, en pos de conseguir buenos resultados con sus deportistas... y esta historia en la Argentina se repite en muchos deportes desde hace un tiempo hasta nuestros días. En muchos casos la vigencia de estos deportes depende del trabajo del entrenador que, cuando se cansa, la actividad desaparece y nadie sigue su obra. Tal vez debamos hacer una autocrítica de nuestros saberes, nuestras necesidades de protagonismo y nuestras conductas ególatras.

En contrapartida, seguimos careciendo de buenos dirigentes deportivos, con una visión realista de nuestras fortalezas y debilidades; comprometidos con el desarrollo federativo, tanto en el orden local, como así también en el orden regional, provincial y nacional de las diferentes federaciones deportivas, administrando racional y equitativamente los recursos disponibles. Muchas veces quienes tienen poder de decisión, desvían los limitados recursos, sin consensuar, debatir o priorizar necesidades.

El deporte competitivo constituye, en las personas que lo practican, una oportunidad de aprendizaje de ciertos hábitos, el tener un comportamiento disciplinario muy riguroso y sistemático, que le servirá sin ninguna duda en todos los ámbitos de su vida.

Si además, tienen la posibilidad de viajar a competir en representación, se convertirán en embajadores de una Comunidad que los apoya y espera ansiosamente resultados. Pero nuestra sociedad actual promueve el exitismo, "si no salís primero, no existís", pasando sin solución de continuidad de ser "el mejor" a ser "el peor".

La tarea de los educadores y entrenadores, junto a la familia de los deportistas será saber transmitir que no siempre se puede ganar, aunque todos buscan ese objetivo y que solamente uno lo va a lograr. Es más difícil aprender a perder que a ganar. Generalmente se aprende más de los errores que de las victorias. A un deportista que gana, ¿qué se le puede cuestionar?

El deportista no solo se compite contra los demás, sino también contra si mismo, y esa tarea es continua: la búsqueda de la perfección, de altos niveles de preparación, para alcanzar la excelencia o maestría deportiva.

Pero estoy convencido también que todo deporte debe servir como preparación para la vida y dejar una enseñanza.

El estado de plenitud es transitorio, dura solo un tiempo, luego tendrá que construir con mucho esfuerzo nuevos picos de rendimiento, para lo cual deberá "romperse el alma entrenando todos los días de su vida".

El paso de los años dejará atrás al deportista de elite para dar paso a otra persona: que será una persona psico-físicamente educada, con su cuerpo saludablemente trabajado y con ciertos principios morales que le debió transmitir su deporte de competencia.

Nunca los resultados son lineales, todo depende de ciertas circunstancias, variables o situaciones que son únicas e irrepetibles. La competencia es una situación de prueba muy estresante, sobre todo en atletas jóvenes y sin experiencia. En la competición, el joven atleta está solo contra sus rivales ocasionales, con la adrenalina a mil y un marco de público que lo condiciona (en algunos positiva y en otros, negativamente). Cualquier error se paga muy caro, es a cara o cruz y ese margen es mínimo. En un segundo, cualquier falla o error puede echar por tierra muchos meses de entrenamiento. Por ello, no todo el mundo puede competir, ni están preparados para el deporte competitivo; muchos se quiebran en llanto antes de intentarlo, no tienen "sangre competitiva". Pero sepan que, a pesar de los talentos y la genética, un deportista se hace con una buena cabeza, además de mucho tiempo y esfuerzo.

Ése es el carácter educativo del deporte competitivo: debemos comprender que en la vida se gana y se pierde, que hay que esforzarse para alcanzar una meta, que muchas veces las frustraciones son más que las alegrías. Pero, aunque estas últimas sean muy pocas, son el motor para seguir adelante. Un buen deportista después de un traspié competitivo, se recompone, vuelve a los entrenamientos. Hará su autocrítica, escuchará a sus mayores y verá los aspectos a corregir, para no caer en los mismos errores en la próxima competición.

En el deporte siempre hay otra oportunidad, y eso es lo bueno del juego que, como en la vida… siempre te da revancha.


EL PROFESOR CLAUDIO FABIO COMPARTIÓ LOS RECIENTES JUEGOS PARAPANAMERICANOS DE SAN PABLO CON LA DELEGACIÓN ARGENTINA.


*Claudio Fabio es Profesor de Educación Física; Entrenador de Natación; Director de Centro de Educación Física N°61 y en la Escuela de Natación en el Centro de Hidroterapia "Hidrokin", formador de muchos grandes nadadores.


 
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