El olor a sol en la ropa. El sabor del café recién hecho. Burlar el protocolo y chupar la cucharita después de revolver la taza. Los cumpleaños de los seres queridos. Ayudar a los que sufren. Abrazar a los que nos alegran la vida. Detectar los rencores, acto seguido exorcizarlos. Destronar la mentira. La belleza del desorden. Las historias que saben contar las arrugas. Lo difícil que fue el trayecto para llegar hasta aquí. Lo fácil que sería echarlo todo a perder. Anidar los sueños, propios y ajenos. Cómo piensa un niño. Cómo sufre un joven.
El idioma natal. Agradecer al cuerpo que nos soporta. Quienes nos amaron. Olvidar el por qué alguien no nos quiso tanto. Tener una actividad que nos apasione. No querer siempre una retribución por lo que hicimos. Leer las líneas y las entrelíneas. Juntarse con amigos. Perderle el miedo a la tecnología. Conocer lugares nuevos. Enamorarse. Aprender algo distinto. Perdonarse a uno mismo. Si quedan fuerzas, a alguien más. Encomendarse a Dios todos los días. Pagar las cuentas...
Fabiana Daversa. Foto: Alejandra Lopez



