Transcurridos 15 meses desde que asumió el gobierno macrista es creciente el descontento de amplísimos sectores de la sociedad con el rumbo económico y social del gobierno y que incluye a una innumerable cantidad de votantes de Cambiemos que se sienten estafados por las promesas electorales del actual oficialismo que hace exactamente lo contrario.
A medida que se conocen los datos de la realidad que ponen de manifiesto cuan falaz es el relato macrista, el gobierno se olvida de su discurso de paz y amor y saca a relucir su lado mas confrontativo en su afán de construir un enemigo muy perverso a quien culpabilizar por los efectos de su propia política. Esto conduce inexorablemente a la violencia.
El Observatorio de la Deuda Social de la UCA, tan ponderado por Cambiemos cuando era oposición, afirma que hay un millón y medio de nuevos pobres. Este dato detona la patética pretensión de que este es el camino y explica las movilizaciones, paros, acampes y ruidazos de trabajadores, docentes, mujeres, pequeñas y medianas empresas y organizaciones sociales. Estas últimas reclamando que se reglamente la ley de emergencia social que fuera aprobada por el Congreso un tiempo atrás.
El propio Indec, organismo gubernamental, informó que en enero la industria utilizó sólo el 60,6% de su capacidad instalada y suman 250 mil los trabajadores despedidos y suspendidos. Esto es efecto del achicamiento del mercado interno por la disminución del poder adquisitivo de los salarios y la apertura indiscriminada de importaciones.
Como si esto fuera poco, el consecuente ministro Aranguren continúa con los tremendos tarifazos echando más nafta al fuego.
Parecería que no alcanza con el blindaje mediático ni con el "créanme" repetido hasta el hartazgo por el presidente. La gente salió a las calles y plazas dispuesta a pelear por sus derechos y por su futuro. Han comprendido que el gobierno, aunque escuche, no va a cambiar su política económica-social porque no hay peor sordo que aquel que no quiere oír.
Sin embargo hay sectores que en el mismo período han obtenido enormes ganancias, como por ejemplo, los grandes empresarios agroindustriales, la megaminería o los grupos financieros. Cómo no van a ganar si este es su gobierno, atendido por sus gerentes.
Desafiante, el ministro Aranguren fue muy claro al decir que habían ganado las elecciones del 2015 para aplicar esta política y que si los que no les gusta quieren cambiarla deberán ganarles en próximas elecciones.
Párrafo aparte para la insólita y denigrante decisión de la gobernadora Vidal quién, en su nueva faceta de Margaret Thatcher, premiará a los insolidarios docentes rompehuelga con mil pesos y persiguiendo a gremialistas por razones políticas, en una actitud claramente macartista al borde de listas negras, fomentando una nueva grieta en la sociedad.
Como se ve, quienes vinieron con el cuento de unir a los argentinos están haciendo lo imposible para dividirlos cada día más.



