Vuelvo a escribir sobre el tema docente porque es clave desde dónde se lo mire. Según como se resuelva el conflicto, se establecerá una fuerte referencia para el resto de las paritarias, lo que se acuerde tendrá influencia directa en la inflación, y definirá el primer "round" entre el oficialismo y la oposición en un año electoral, entre otras cuestiones.
Hasta aquí, nada nuevo bajo el sol y, dadas las circunstancias, ojalá se resuelva con la menor cantidad de platos rotos posible. Pero el peligro mayor no pasa por saber el resultado de la pulseada y sus consecuencias. Ni siquiera por los días de clases perdidos.
Lo más grave subyace por comprender cómo funciona la cabeza de la gobernadora Vidal quien no es una intuitiva: estudió Ciencias Políticas en la Universidad Católica Argentina. Hablo del "voluntariado" propuesto en pleno Siglo XXI por una de las políticas con mejor imagen positiva de la Argentina.
Al margen de lo que considero un lapsus, porque el voluntariado aplicado a la Educación no sólo es ilegal, sino que irresponsable e impracticable, lo que subyace en la sugerencia de Vidal es una forma de ver las cosas: frente a un reclamo, contar con una fuerza laboral "extra" como amenaza para arrodillar al trabajador e imponer condiciones. Esta mirada está lejos del espíritu de una paritaria y muy cerca de un Estado autoritario.
Durante años, el empresariado ha hecho "lobbies" con el fin de disponer de este tipo de artilugios: los programas "Mi primer empleo" o el sistema de pasantías son ejemplo de ello. Lejos de promover el empleo joven, sólo buscan bajar el costo laboral a como dé lugar (incluso, una parte del sueldo la llega a pagar el Estado) y así condicionar el "status quo" de los trabajadores formales (quienes cada vez son menos, por cierto).
En un mercado laboral (otra vez) en franca contracción, en vez de propiciar la creación de empleo genuino, estos formatos totalmente legales generan presión en el sistema para el trabajador sienta amenazada su fuente laboral y por lo tanto retroceda en sus reclamos o el ejercicio de sus derechos: precarización (otra vez). Ni hablar de la demonización (otra vez) de un derecho constitucional como lo es el Derecho a Huelga.
Y hablando de huelga, vale recordar que cuando ya se quedan sin argumentos, o directamente tienen tanto poder que cuentan con el guiño oficial, los empleadores ofrecen dinero por debajo de la mesa a algunos trabajadores para que no se adhieran al conflicto y así restarle importancia o fuerza a la protesta.
La figura del "voluntario" propuesta por Vidal, ni siquiera supone la erogación de dinero para lograr el mismo efecto. En mi barrio, por mejor intencionados que sean, a los "rompe huelgas" se los llama "carneros".
Todos estaremos de acuerdo en que pocas conductas más loables existen que la de un voluntario. Sin embargo (como en "1984" de George Orwell), merced a Cambiemos, un voluntario puede significar también exactamente lo contrario: alguien despreciable. Tal vez se entienda mejor, ahora, a qué se referían en época de campaña, cuando proponían la "Revolución de la alegría".
Tomás Buzzi / Facebook: Frente A Buzzi / Twitter: @FrenteBuzzi



