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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 05/mar/2017 de La Auténtica Defensa.

Docentes, salarios y etimologías encontradas
Por Fernando Ramón Andrioli






Fernando Ramón Andrioli

Mientras el debate del conflicto docente se quiere llevar por el lado del desamparo de los chicos ante el no comienzo de las clases y la responsabilidad de la calidad educativa; nadie plantea un cambio de paradigmas en la educación argentina. En todos los manuales de Organización se asegura que en toda crisis subyace una oportunidad. Sin embargo, todos los actores, pero sobre todo el gobierno, no hacen más que profundizar el problema al poner al "salario docente" como eje del debate.

En los tiempos antiguos, la sal fue el motivo para la construcción de un camino desde las salitreras de Ostia hasta Roma, unos 500 años antes de Cristo: la "Vía Salaria" era custodiada por soldados que recibían parte de su pago en sal. Llamado "salarium argentum" (agregado de sal) devino luego en "salario".

En Grecia, el intercambio de sal por esclavos, dio origen a la expresión "no vale su sal". Es interesante notar que la sal no sólo se usaba para condimentar y preservar comida, sino también se utilizaba como antiséptico.

Salarium argentum no es agregado de sal, sino "dinero salario, dinero de sal"; dado que "argentum" en Latín es "plata". De hecho, en épocas arcaicas y antes del uso masivo de la moneda podían adquirirse en Grecia esclavos por intercambio de múltiples productos y sobre todo de sal.

Además de los soldados de la Via Salaria (primitivamente remunerados con sal) como origen del nombre salarium, en época pre Clásica y Clásica, la paga de un soldado siempre se llamó stipendium, y en épocas romano tardías, solidata (pago en solidus, moneda de oro, de donde viene soldada y soldado).

El término salarium se aplicaba a otra cosa: las familias romanas acostumbraban a remunerar periódicamente a sus esclavos domésticos con una pequeña paga, que probablemente en épocas primitivas también fue una entrega de sal, producto valioso del monopolio romano. Esa sal se podía gastar para propio consumo o vender el sobrante. Sin embargo en época pre Clásica y Clásica "salarium" fue la paga que recibía el esclavo doméstico (no todos la recibían, ni era un derecho legal, pero sí era costumbre romana), una pequeña asignación de dinero.

Había también por ese tiempo algunos "asalariados" de comercios o centros de manufactura que recibían un salarium, pero esta palabra estaba tan asociada a la paga que recibía un esclavo doméstico, que Cicerón expresaba que vivir de un salarium era "condición indigna de un ciudadano u hombre libre", y que era propia de esclavos.

Si vinculamos esta idea de Cicerón sobre el tema a la problemática actual por la que están pasando los docentes, en lucha por un "salario digno"; en los orígenes etimológicos la palabra por la cual se lucha es contradictoria. Veamos.

"Docencia"; proviene del del verbo latino "doceo", que significa enseñar y del verbo defectivo decent´es que es "conveniente - apropiado"; entonces, "docente" es enseñar a alguien a ser apropiado, decente.

Y si indagamos la palabra "maestro", veremos que proviene de la palabra latina "magister", concretamente de su acusativo "magistrum" que significa (literalmente) "el más mejor". El vocablo era comúnmente utilizado para denominar al Jefe (Por ejemplo, magistrum equis, significa Jefe de la Caballería, militarmente hablando).

Si unimos todo esto, y nos asomamos a un uso lógico de las etimologías de palabras, veremos cierta contradicción en este conflicto gremial que nos ocupa: por un lado llamamos a los docentes "maestros" (Jefes); pero les negamos un "salario" digno, cuando el "salario" era la paga que se le hacía a un esclavo.

Lo cierto es que todo este conflicto que posterga una vez más el inicio de un año lectivo, no ayuda a llevar a la Educación Pública al lugar que se merece dentro del ideal de un proyecto republicano. Y mientras se quiere reducir el tema en una mera pugna económica, desde hace más de 30 años y de abajo hacia arriba, la educación se viene degradando sin solución de continuidad, sobre todo en calidad y eyectando numerarios hacia la escuela privada (que, dicho sea de paso, tampoco otorga una educación de excelencia; está apenas unos peldaños por arriba de la educación estatal).

¿Cuál sería entonces el verdadero paradigma desde el cual debería abordarse la Educación Pública? ¿Se está buscando transformar esta crisis en una oportunidad?

Entender al docente como una herramienta de cambio y pieza fundamental del armado de una sociedad mejor debería ser una política fundacional de la nueva Educación Pública que exprese los ideales de desarrollo del colectivo que nos contiene y llamamos República Argentina.

Para esto, todos deberíamos estar de acuerdo primordialmente en que necesitamos docentes mucho más preparados, en constante perfeccionamiento y buscando a futuro un perfil universitario de la profesión de aquí a cierta cantidad de años.

Claro está, se trata de una meta que no se logra de un día para otro, y debe ser posicionada como eje de toda discusión parlamentaria y así transformarla en una Política de Estado, que trascienda cualquier tipo de modelo político que llegue al gobierno de aquí en adelante.

Un nuevo paradigma sería, por ejemplo, retirar de eje de discusión temas tan estériles al educativo y tan provocativos como lo es el cuestionamiento si un docente se merece o no se merece un aumento en un magro sueldo. Lo que se necesita es, al menos, duplicar el salario docente (actualmente el sueldo inicial de un docente es de $ 9000 y lejos está de ser un monto que permita una dedicación exclusiva a su tarea) y a cambio acordar acciones para perfeccionamiento constante y evaluación periódica de los maestros.

Hemos pasado por diferentes gobiernos de diferentes tendencias: liberales, keynesianos, neo liberales... sin embargo todos cuestionaron y se enfrentaron con los gremios docentes: todos continúan visualizando a la Educación Pública como un gasto y no como una inversión estratégica indefectiblemente atada al desarrollo de nuestra Nación. Y si no, pregúntenle a Sarmiento y a la generación del ´80.

Algunos podrán decir que incursionaron por políticas de cambio; otros tendrán que cargar con falencias quizás más graves; sin embargo todos llevan en sus espaldas un modelo que impacta en lo que realmente estamos necesitando como país: una mayor y mejor educación (y se empieza por los niños) para superar una crisis que no es solo económica. Es más: me animo a decir que no es económica; sino que es una crisis social y moral, de la cuál no se sale haciendo siempre lo mismo, ante el mismo problema.

Si mañana no empiezan las clases, no cuestionemos quién es el culpable; busquemos entre todos (Estado, sindicatos, ministros, docentes; todos los actores involucrados) una solución que a futuro sea superadora y arrastre a la Educación Pública al eje del cambio (cambio en serio) que como sociedad estamos necesitando.

Fernando Ramón Andrioli / frandrioli@gmail.com / @frandrioli


 
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