Hace más de 2000 años cuando dos discípulos de Jesús que venían de Jerusalén, pensaban que ya todo había acabado, su maestro había sido crucificado.
Pero Jesús resucitado se acerco a ellos y les dijo, ¿estáis tristes? Ellos no lo reconocieron a primera vista, Jesús se interesó en lo que ellos sentían, los escuchó con atención, los consoló e hizo que su corazón ardiese cuando comenzó a explicarles las escrituras, y por ultimo se dio a conocer a ellos y allí "se abrieron sus ojos", y "lo reconocieron" fue en el momento en que partió el pan para cenar juntos.
(Lucas 24:30-32) Luego, estando con ellos a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se los dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero luego él desapareció. Y se decían ¿No ardía nuestro corazón mientras conversaba con nosotros en el camino y nos explicaba las Escrituras?
Hoy Jesús se revela a nuestra fe. Los ojos de nuestro corazón deben ser abiertos para que la tristeza se disipe y el gozo de la resurrección nos ilumine.
Estos dos discípulos regresaron inmediatamente a Jerusalén para dar la noticia a sus amigos. Este relato que comienza en el camino con dos hombres tristes, termina en medio de un grupo de creyentes que se gozan juntos, llenos de fe, amor, paz y esperanza.
Amigos creyentes, nosotros que creemos en la resurrección de Jesús, ¿podríamos permanecer resentidos y decepcionados incluso si tenemos diferentes motivos para estar tristes? ¡De ninguna manera! Porque el Señor esta vivo, el es la puerta a una nueva vida llena de gozo, por eso, llevemos ante su santa presencia todo lo que nos entristece y gocémonos con todos nuestros hermanos porque entre todos tenemos en común la fe en Jesús y su resurrección.
Esta vida en común entre cristianos, llena de gozo y esperanza fue un hermoso testimonio de la iglesia primitiva. Todavía hoy ella debe caracterizar a todos los creyentes reunidos en torno a Jesús nuestro salvador vivo.
Ahora me dirijo a los que todavía no creen en este Dios de la Biblia, en Jesús de Nazaret, para que puedan abrir su corazón y lo reciban en sus vidas.
He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo (Ap. 3:20).
La segunda venida esta pronta, uds. eligen, la vida eterna (nuestra alma estará en su presencia) o la muerte eterna (el infierno permanente).
Busca una iglesia que enseñe de Cristo y La Palabra de DIOS. "La Biblia"
¡Hasta la próxima semana! ¡Dios te bendiga! Mirta Dappiano
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