El año pasado la delegación argentina para interacción de Diálogo Religioso Occidente-Oriente contó con la presencia de dos queridos amigos, Eduardo Callaey y Lucía Inserra. Ellos y otras 12 personas fueron por campos de refugiados en Siria, estuvieron con el alcalde de Jerusalém, anduvieron en camello por el desierto, escucharon y disertaron sobre la cuestión de la guerra y de la paz con ambas comunidades. Es muy interesante escuchar a viva voz qué está ocurriendo en éste momento en Oriente Medio. Lo primero que llama la atención es que la inmensa mayoría quiere lo mismo que queremos todos: ver crecer a sus hijos, tener un hogar y trabajo digno. Delos nueve millones de Sirios, tres millones son refugiados. Los campos pueden contener a miles y miles de personas que esperan una decisión política para volver a sus casas. Gran parte de ellos tuvieron que optar por volverse musulmanes, morir o emigrar y eligieron la tercera opción. El afecto con que reciben cualquier ayuda es conmovedor.
Los moderados a los cristianos nos llaman cruzados o francos, vernáculos que quedaron implementados desde la Batalla de Tours, en la que Carlos Martel venció a Al-Gafiki en 732, expulsando a los sarracenos del territorio francés. Los extremistas musulmanes nos consideran infieles y peligrosos. Como dice Caetano Veloso en su canción Sampa, " es que narciso encuentra feo todo lo que no lo espeja". Hay que avanzar en el diálogo y en limar asperezas. Quiero aprender a maquillarme con las hermanas musulmanas, tener sus niños en brazos y aprender a bordar hermosos velos. Ya llegará el momento en el que bailaremos juntas y les cuente, alrededor de una mesa llena de delicias, los mil rostros que tiene la Virgen María.
Fabiana Daversa. Foto: Alejandra Lopez



