Moral hay una sola. Lo que no es moral es inmoral. Moral deportiva es también una sola. La misma que debe regir todos los actos de la vida de un hombre de bien.
Sea ese hombre en la intimidad o en lo público. Sea ese hombre el que haga deportes, trabaje, comercie, compre o venda.
Moral es siempre una sola. Moral es bien. Bien es no hacer jamás un daño por premeditación. Moral es respeto del prójimo en una cancha de fútbol, en la oficina, en la calle. En el trabajo o en el deporte. En la vida, en cualquier lugar de la vida. Moral es aborrecimiento íntimo, instintivo, espontáneo, de lo ilícito, de lo injusto. La ilicitud y la injusticia tienen siempre un monitor inefable nuestra propia conciencia.
Ella es quien nos dicta la moral, la única moral destinada a cualquiera de nuestras funciones en la vida.
Moral es saber vencer los instintos físicos con las facultades del espíritu. Deber vencer la violencia con la razón. El arrebato con la reflexión.
Moral es tener idea de lo que no debe ser aunque pueda ser. Moral es tener preferencia por la bondad y rechazo de la malicia.
Eso es moral, la única moral de la vida...factible también de llamarse moral deportiva, puesto que el deporte no es sino una pequeña dependencia del mundo en que vivimos.
Todo esto tiene que estar muy claro en todos nosotros y en modo especial en esa ínfima minoría, que con actitudes fuera de lugar dañan a la gran mayoría que concurren a los estadios para gozar de este deporte tan emotivo como lo es el fútbol.
Por otro lado, fuera del rectángulo de juego, es muy triste y lamentable lo que ocurre en la AFA, desde largo tiempo. En donde para algunos lo injustificable es justificable. Es que la vereda de este deporte tiene tantos mosaicos flojos que nos salpican, como pozos en las calles de nuestra sociedad.
Cuánta falta de moral tenemos lamentablemente en nuestro fútbol, como así también en otras actividades de nuestra vida.



