El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) dijo que en lo que va de febrero hubieron tres días de sol, la temperatura descendió dos grados del promedio histórico y que el agua llegó a la temperatura más cálida en décadas. Las caras largas de los que alquilaron a precio de oro el metro cuadrado en la costa argentina se hacen notar por las calles de los balnearios, en dónde las familias se pasean con los chicos con expresión de ya no sabemos más qué inventar para entretenerlos. Los comerciantes recargan precios justificando la mala temporada y, a su vez, rebajan otros para atraer a los turistas. Avivadas que no hacen más que ponernos en el estado menos acorde con lo que pretendemos en vacaciones: el descontento.
Veamos qué se puede hacer en éstos casos. En primer lugar, entrenar la aceptación. Con la naturaleza no se negocia. Revisar qué hacemos para mejorar el mundo que nos rodea, cómo ayudamos para que el cambio climático no termine de destartalar nuestras vidas. Les aseguro que si todos hacemos un pequeño gesto heroico, la cosa va a mejorar. En segundo lugar, revisar cómo anda nuestro paisaje interior. Cuando el afuera es adverso, descubrimos lo diverso que habita en nosotros. Libros, música, amigos, fotos, familia ayudan. Pero hay vacíos que no se pueden llenar, como dice la canción. Ésa necesidad espiritual, que tiene que ver con la fuente de energía que emana sin parar su luz tenue, pero inextinguible, nos plantea el tercer paso. Cómo encuentro mi Sol divino, cómo lleno mi vida de sentido? Cuando nos planteemos ésa pregunta nos daremos cuenta que nunca es tarde, ni hay días feos ni nublados porque siempre es un buen momento para encontrarnos con nuestro espíritu.
Fabiana Daversa. Foto: Alejandra Lopez



