Hace 100.000 años salimos de África a caminar y conquistar el mundo. Algunos grupos humanos se detenían, otros continuaban su marcha. Pero la dinámica fue y es siempre la misma: conquistar, ocupar, integrar, hacer la guerra, aprender (más o menos) y seguir adelante.
Lo que inicialmente pudo haber surgido como una necesidad de ampliar las fronteras ante pobres resultados en la caza, pesca y recolección, avanzó como un proceso migratorio que aun continúa y pareciera que no se detendrá. Cientos de miles de años explorando nuevos horizontes, avanzando a ciegas entre nuevos relieves, climas y otros seres vivos que podían ser tanto una oportunidad como una seria amenaza.
Como sea, se iniciaba entonces un camino de búsquedas y encuentros que mostró una capacidad de adaptación inédita en nuestra especie. Nuevos frutos, raíces, pastos, hojas, insectos, peces, gusanos, aves, reptiles y mamíferos fueron incorporándose a la dieta de los caminantes. La conquista del mundo era un hecho y solo tomaría una muy pequeña porción de la historia del planeta para hacerse realidad.
Las distintas condiciones geográficas, climáticas y de biodiversidad requirieron el diseño de nuevas armas, estrategias de obtención y técnicas de preparación y conservación de los alimentos, ya que muchos de los nuevos destinos no eran del todo exuberantes en variedad y disponibilidad estacional.
En algunas regiones del planeta, la oferta era bien restringida (tan solo algunos pocos animales y contados vegetales). Y con eso debía completarse una dieta que contuviera los nutrientes necesarios para permitir la expresión del potencial genético, sobrevivir exitosamente y dejar descendencia. Aún así, casi no hay lugar en el mundo entre los 0 y los 4000 metros de altura en los que no se tenga registro del pasaje exitoso de nuestra especie. Otras regiones, por el contrario, ofrecían un sinfín de alimentos apetitosos, nutritivos y con una oferta mejor distribuida a lo largo del año.
Pero a esa altura de la historia la naturaleza pura había sido hackeada y nada fue ya un obstáculo para que alcancemos el dominio de muchas de sus determinísticas reglas. Por primera vez desde que el mundo es mundo, una especie se alzaba con el mayor de los logros posibles: moldear su entorno para que éste se ajuste a sus necesidades. Esto ocurrió hace unos 12.000 años aproximadamente, en lo que se conoce como el pasaje del período paleolítico al neolítico. El que se identifica con los albores de la agricultura y la alimentación planificada.
Hay dos fenómenos destacados en este momento de nuestra historia. Uno es el de la aceleración del desarrollo tecnológico asociado a la "dominación" de la naturaleza: Domesticación de especies vegetales y animales, procesos de cruzamiento y selección genética para obtener mayores rendimientos, invención de herramientas para resolver los diferentes desafíos (productivos, de conservación y de intercambio), entre otros.
El segundo fenómeno fue el del achicamiento de la oferta de alimentos y, como consecuencia, el inicio de una dieta menos variada. La concentración productiva en unos pocos cultivos y animales fue notable. De una alimentación basada en más de 200 especies (entre animales y vegetales) pasamos a una dieta que en la actualidad está concentrada en el uso de un promedio de 5 especies animales y 15 vegetales, en promedio. En nuestro país es aún más restringida, apenas 15 en total.
Esta modalidad de organización productiva trajo consigo varios procesos de especialización, junto con el asentamiento en lugares (sedentarismo), dando origen al fenómeno de urbanización que continúa hasta nuestros días. Controlar calendarios, trabajar suelos, desarrollar tecnologías, ordenar estaciones, encontrar alternativas de almacenamiento y conservación, y tantos otros nuevos "problemas" siguen en la agenda alimentaria de los humanos por estos días.
La alimentación comenzó, por aquél entonces, a ser planificada. Primero de modo rudimentario y más tarde concentrándose en procesos industriales que permitieron dos hitos durante el siglo XX: a) producir más alimentos que los que la población mundial necesita; b) generar dos fenómenos epidémicos de alcance global: la obesidad y el aumento de las enfermedades asociadas con los alimentos. Como diría mi abuela: una de cal y una de arena.
Volveremos sobre estos temas para poder analizarlos con la minuciosidad que requieren, ya que son la base para el desarrollo y la implementación de la Alimentación Inteligente.
Dr. Fernando Valdivia / Email: thefoodplannerarg@gmail.com / Twitter: @thefoodplanner / Facebook.com/foodplanner



