El refranero popular es una caja de joyas de la abuela que, cada tanto, se me da por abrir. Como sucede con todo lo que heredo culturalmente, lo pongo bajo una nueva lupa. Reviso, reformo y sobre todo, lo vuelvo a pensar.
Más vale pájaro en mano que cien volando, al loco hay que correrlo para el lado que dispara, más pesado que chancho en brazos son algunos de los anillos y colgantes que más aprecio. Raro como caballo arriba de un techo es otro refrán que me divierte mucho, cada vez que lo digo aparezco en el fondo de la casa de mi abuela, tele transportada. Sin embargo, algunas de ésas alhajas necesitaban restauración.
Es el caso de Más vale malo conocido que bueno por conocer. Analizándolo con lente mono focal me di cuenta a ése cintillo le pusieron un brillante falso. Pasé días y días pensando si desterrarlo o invertir en una gema nueva. Y la señal vino de la mano de una amiga que me trajo de regalo justo lo que necesitaba: un minúsculo y puro diamante que sustituiría al trucho. Y así quedó la nueva versión, Más vale bueno conocido, que malo por conocer. ¿Qué les parece, panópticos?
Fabiana Daversa



