La mujer lo había apodado así, Bancatutti. Desde hacía años se hizo cargo de los viejos (teniendo otros tres hermanos), de la tía soltera, de los gastos de la bóveda familiar. Llevaba a la suegra de vacaciones, hacía de papá del primer nieto, cuyo padre verdadero se había dado a la fuga un año después que nació. Siempre tenía una moneda para el linyera, un vuelto para el borrachín del barrio, una palabra de consuelo para el amigo que se había divorciado . Porque Bancatutti no sólo era generoso con todos , sino que era grande y ancho con su tiempo, con su sonrisa y las ganas de ayudar.
Su esposa le decía
-Vas a reventar como un sapo. No sos en magnate de la familia!
Al año fue ella quién murió de un ataque al corazón . Él la sobrevivió varias décadas cuidando nietos, sobrinos y empleados. A Bancatutti le gustaba ver crecer las plantas, las crias, pero principlamente, ver progresar a la gente. Tuvo novia y también a ella le abrió las puertas del mundo, llevándola por los destinos más emblemáticos e imaginados. A sus hijastros los ayudó a estudiar, los mismos que al comienzo le hicieron la guerra .
Qué rara la aritmética de la vida, tan distinta a la que nos enseñan en la escuela.
Cuánto uno mas da, mas se llena. Cuánto uno más entrega, más rebalsa el cuerno de la abundancia.



