El presidente Mauricio Macri y su mejor equipo de los últimos cincuenta años dicen permanentemente que las dolorosas medidas económicas que se han tomado y que provocan tantos sufrimientos en la población son inevitables para encausar al país en un camino que desembocará en el paraíso terrenal en el que todos viviremos infinitamente mejor y a tal efecto se convoca por los medios a que todos juntos hagamos un gran esfuerzo
Sin embargo, cada día se conocen nuevas evidencias de que el esfuerzo que se le pide a la población, no sólo no es parejo para todos, sino que hay sectores, los más ricos, que incluso se benefician y ese beneficio va en aumento.
En estos días se conocieron datos del INDEC, esto es datos oficiales proporcionados por el actual gobierno de Cambiemos, correspondientes al tercer trimestre del año 2016 y que indican que los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. Habría que aclarar que estos datos se refieren sólo a personas que ganan hasta $ 274.000, sin brindar datos de aquellos que ganan mensualmente por encima de esta cantidad y que, como sabemos, son unos cuantos.
En este universo acotado, en promedio, el 10% más pobre gana $ 1.389, mientras el 10% más pudiente gana $ 34.998, esto es 25,6 veces más. Si tenemos en cuenta que a fin del segundo trimestre la brecha era de 23,2 veces, vemos que ha aumentado 2,4 veces en tan sólo tres meses.
En este tercer trimestre el 20% más rico aumentó su participación en el total de ingresos de la economía del 47,9% al 48,4%, mientras que el 20% más pobre disminuyó del 4,8% al 4,3%.
A esto se refiere el gobierno cuando habla de normalizar la economía y es por eso que tanto admira al modelo agro-exportador de principios del siglo XX cuando se decía que la Argentina era la octava economía del mundo que tenía sumergida en la pobreza a la gran mayoría de los argentinos. Un país con una enorme riqueza en manos de unos pocos.
Esta creciente grieta es la que explica gran parte de la inseguridad que se vive y los altos niveles de violencia que no se resuelven ni con más represión, ni aumentando penas, ni bajando edades de imputabilidad. Ya se probó a instancia del falso ingeniero Juan Carlos Blumberg sin ningún resultado.
Es por eso que el filósofo polaco Zigmunt Bauman, recientemente fallecido, decía "La principal víctima de esta situación de desigualdad es la democracia."
La historia de la humanidad ha demostrado, hasta el cansancio, que estos feroces ajustes que, además, sólo están dirigidos a los que menos tienen no son inevitables, muy por el contrario son incompatibles con una sociedad que permita una vida digna para todos.
Nuestro presidente podría tranquilamente, como es su costumbre, decir esa otra frase que se le atribuye a Groucho Marx: "¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?".
PD: Esta columna se solidariza con la comunidad Mapuche ferozmente reprimida y con Milagro Sala inconcebiblemente encarcelada.



