El aura es una capa que nos cubre, del tamaño de nuestros dos brazos abiertos. Tiene formas diferentes: hay auras cónicas, alargadas, simétricas y guadalupeanas (muy raras, parecen espinosas y se pueden ver en las imágenes de la Virgen de Guadalupe, de ahí su nombre).
Los colores que las revisten son sutiles y resultan ser la combinación de lo que emiten los centros de energía o chakras. Por eso quienes pueden ver el aura de las personas pueden detectar si su organismo está afectado y qué órgano, ya que cada color corresponde a un centro de energía en particular.
Hace diez años la ciencia creó el grafeno, un material que se asemeja a groso modo al de las auras.
Es la promesa para la industria. Cien veces más fuerte que el acero, cinco veces más ligero que el aluminio (un metro cuadrado pesa 0,77 miligramos) es el material más fuerte que existe. Al ser alcanzado por la luz, genera electricidad y es un aislante fenomenal. En él se proyecta el futuro de la ingeniería espacial y el de la industria automotriz.
Aura y grafeno, celebremos, panópticos, que las cosas de la tierra se asemejen cada día más a las del cielo.



