La belleza está sobre el tapete. El dimes y diretes de la Reina del Mar 2017 retrucando a quienes consideramos el certámen un evento medieval ocupó las páginas centrales de los diarios. Giuliana Chiappa, la elegida, enojada pero sin perder la sonrisa indispensable para la foto, dijo que los concursos de belleza no promueven la violencia de género, la anorexia o la depresión. Sin embargo, la cosificación de la mujer como objeto de deseo no sólo hace que se priorice el envase en lugar del contenido, sino que propone su consumo. Porque lo que se vuelve objeto, está sujeto a la compra y al descarte.
En un país en dónde desaparecen jóvenes en manos de la mafia de la trata y con un femicidio cada doce horas, está bien que cuestionemos la validez de los concursos de belleza. En el mundo civilizado se consideran anacrónicos y están en baja hace más de veinte años..
Ojalá sea la Argentina el primer país de Latinoamérica a prohibirlos. Dejemos de mostrar a nuestras hermosas mujeres como ganado de la exposición Rural.
Felicitaciones a las 40 organizaciones que integran el colectivo Ni Una Menos y promueven la concientización del papel de la mujer en la costa argentina. A mayor conciencia, menos trata.



