En una de sus primeras entrevistas concedidas a la prensa, el recientemente nombrado Ministro de Hacienda Nicolás Dujovne confirmó su fidelidad a la llamada ortodoxia económica, que no es otra cosa que el más puro neoliberalismo.
El ministro, que hace suyas las recetas del Fondo Monetario Internacional (FMI), considera que "Argentina tiene costos muy altos para el trabajo, cargas muy elevadas". Resulta llamativo que se insista en esta idea que desemboca en una mayor flexibilidad laboral con sus consecuencias inexorables. Si lo que se busca es crear nuevos puesto de trabajo bajando el costo laboral, esto no ha sucedido en ningún país donde se ha implementado.
Recordemos que en la argentina se puso en práctica durante los gobiernos de Carlos Saúl Menem y de Fernando de la Rúa, en este caso mediante la famosa ley Banelco, sin que se produjeran los efectos que se anunciaron en su momento.
Lo que la realidad muestra es que las empresas y fundamentalmente las pequeñas y medianas ferozmente golpeadas por la apertura indiscriminada de las importaciones, no toman trabajadores si no les hace falta por baratos que sean y en un mercado interno que se continúa contrayendo, lo más probable es que en lugar de necesitar más trabajadores se siga con suspensiones y despidos que van a estar más barato.
También sucede muchas veces que la rebaja en las cargas sociales que paga el empleador pasa a sumarse al sueldo que el trabajador recibe, o sea que parte del aumento que recibe el trabajador es con dinero que antes recibía el estado y que ahora se desfinancia aún más. Como se ve es una suerte de subsidio que reciben las empresas para que puedan mantener o acrecentar sus márgenes de ganancia. Al recaudar menos y para bajar el déficit fiscal, seguramente reducirán aún más los gastos públicos.
Este círculo vicioso cuyo final es predecible sólo se puede romper con un cambio copernicano de modelo económico. Tengamos presente que este mismo modelo económico del cual nuestro presidente es ferviente impulsor, nos llevó, no hace tanto tiempo, a la peor crisis de nuestra historia contemporánea y que demandó para superarla mucho tiempo y esfuerzo de la mayoría del pueblo argentino porque, como siempre, los más ricos ganaron.
También el ministro manifestó que "hubo que pagar costos de corto plazo en pos de los beneficios de mediano y largo plazo", que "se sentaron las bases para que la economía pueda crecer" y "Las economías con menos inflación crecen más". A estas afirmaciones difíciles de suscribir y que contradicen la experiencia histórica, habría que tomarlas con pinza porque se sabe que este gobierno ha devaluado la palabra, incluso más que nuestra moneda, quizás para ser más competitivo en las elecciones de este año.
En otro momento de la entrevista, refiriéndose a su labor periodística en La Nación y en el programa Odisea que se emite por la señal de cable TN y que conduce junto a Carlos Pagni, afirmó que "Una cosa son mis columnas y otra es la cuestión operativa". Faltó que dijera aquella frase "Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros." que se le atribuye a Julius Henry Marx, más conocido por Groucho Marx, tal su nombre artístico.



