Hay gente rara entre nosotros. Quizá de las diferencias terrenas nazca la necesidad de la creencia de los extraterrestres . Hay quienes se cuelgan de ganchos para dominar el dolor, quienes se visten como animales, gente que no sale de su cubículo y conecta el mundo a través de una pantalla (ikikomoris), personas que sólo comen frutas y otras que beben su propio pis.
Sabemos que "lo normal" no existe. Es una convención del grupo al que uno pertenece, sumado a la época en que se vive. Los libros de cocina de Petrona Gandulfo y sus recetas hipercalóricas, por ejemplo, hoy son motivo de risa y horror.
Freír un huevo con medio pan de manteca. Leche entera por doquier. Toneladas de sal. Nuestras excentricidades cambian de lugar y llegan nuevas modas, dejando detrás costumbres que serán sustituidas por otras.
La ciencia y la expansión del conocimiento transforman los hábitos, mientras que la sabiduría permanece allí, intacta. Desde la imagen arquetípica, el sabio no cambia siquiera de atuendo.
Todo es tan simple a su alrededor, que las verdades eternas que profesa lo hacen brillar por sí mismas. No juzga, no condena, pero con gran inteligencia constata y determina lo que es correcto. Nos devuelve el eje y con él, la paz que instaura toda armonía.



