Tiene 84 años y todas las mañanas trabaja barriendo varias calles del centro.
Flaquito y prolijo, todas las mañanas se lo puede ver a Rudecindo Puchetta (84) empujando su cepillo barrendero. Anda por Becerra, Rocca, Belgrano, De Dominicis, Güemes...
"La gente no está educada, tira a la calle cualquier cosa. Total, pasa el barrendero", sentencia resignado.
Ayer lo encontramos sobre Becerra, a media mañana, cuando el sol ya empezaba a picar. Gorrita, uniforme, guantes, botines de seguridad: impecable.
No habla mucho, ni tampoco deja de trabajar mientras lo hace. Vive en Las Praderas, y se levanta "más o menos" a las 4 de la madrugada para arrancar sus tareas a las 6, en el centro de la ciudad: "Vengo en colectivo o en bicicleta, depende", cuenta Rudecindo.
A pesar de tener 84 años y estar jubilado, insiste con seguir trabajando y asegura que ése es su secreto para estar en forma: "Trabajar me mantiene vivo".
Mucho más no nos dijo. En su casa lo acompaña su perro "Lobo", pero no pudimos saber si tiene compañera. "La que quiere, se prende. Y si se cansa, se va", obtuvimos por toda y sabia respuesta.
Cuando nos despedimos, le preguntamos si le podíamos dar un beso. Rudecindo abrió los ojos, sorprendido, y dio un paso atrás. Entonces le ofrecimos la mano. Nos dijo: "Eso sí".
Se sacó el guante de trabajo y nos dio un fuerte apretón, "bien macho". Un capo.
"La gente no está educada, tira a la calle cualquier cosa. Total, pasa el barrendero", cuenta con indignación.
RUDECINDO HOJEA LA AUTÉNTICA DEFENSA EN UN ALTO DE SUS TAREAS EN EL CENTRO DE LA CIUDAD. AYER LO ENCOTNRAMOS EN LA CALLE BECERRA.
VIVE EN LAS PRADERAS: SE LEVANTA A LAS 4 Y LLEGA AL CENTRO EN COLECTIVO O BICICLETA.



