Hay una sospecha que nos llena de asombro y de fe. El niño que guió a los socorristas del avión que cayó en Colombia hace tres días, en medio de una zona hostil, en plena selva y dirigió a quienes buscaban los restos de la aeronave casi nueve kilómetros, pudo ser un Ángel.
Varios de los que se encontraban junto a él lo describieron como un ser solícito, bello, de unos nueve o diez años, de mirada franca e infantil. Cuando al fin encontraron los despojos, los muertos y los sobrevivientes, él desapareció.
Muchos son los relatos que se asemejan a la acción del Ángel. De la manera más imprevista, surgen de la nada y proporcionan soluciones, paz, confort y aliento. Hay miles de testimonios escritos y orales sobre éstos seres de la luz que buscan ayudar a los hombres.
En medio de la tragedia, un mensaje de esperanza. Nunca, jamás, estamos solos.



