(*) Aléthea, su significado: "Representaba la Verdad en la Mitología Griega. Fue hija del Tiempo y madre de la Justicia y la Virtud."
Desde el descubrimiento de las minas de grafito hasta la escuela, el lápiz es un objeto sencillo que está presente en la mayoría de las culturas y en nuestra vida cotidiana; si bien las nuevas tecnologías han provocado que su función llegue a ser secundaria, todavía sigue empleándose como un objeto de gran utilidad.
Originariamente el grafito no se empleó en la fabricación de lápices, pues esta variable del carbono se utilizó inicialmente como material de la construcción, pero..., mejor vayamos a su historia.
Una tarde, del año 1564, el poblado de Borrowdale, en Cumberland, Inglaterra, se vio azotado por una gran tempestad que destruyó no sólo edificios, sino que derribó gran cantidad de árboles.
De la caída de uno de ellos parte una historia que aún en nuestros días tiene importancia pues, debajo del lugar dónde habían estado sus raíces, encontraron una masa de cierta sustancia de color negro de aspecto mineral, desconocida por los pobladores del lugar y sus alrededores: era nada menos que una veta de plombagina, conocida con el nombre de "plomo negro". Esta veta proporcionó al país y probablemente al mundo entero, el grafito más puro que se haya encontrado hasta el momento.
Los habitantes del lugar eran pastores y encontraron de suma utilidad el usar trozos de este material para marcar a sus ovejas; pero otros lugareños con sus expectativas puestas en la parte comercial, comenzaron a partir este material en forma de varitas y a venderlas, expandiendo su negocio hasta la ciudad de Londres. Las comercializaban bajo el nombre de "piedras de marcar". Estas varitas a pesar de ser útiles, presentaban dos graves deficiencias: se quebraban con facilidad y manchaban las manos de quiénes las manipulaban y todo aquello con lo que entraban en contacto.
Se ignora quién fue el que tuvo la brillante idea al resolver el problema de la suciedad con el simple acto de enredar un cordel alrededor y a lo largo de la varita de grafito e ir retirándolo a medida que se lo gastaba.
A mediados del siglo XVIII, el gobierno de Inglaterra llevaba a cabo la explotación de las minas inglesas de grafito empleando el material extraído para la fundición de cañones, por lo que se convirtió en un mineral estratégico para el Ejército Inglés. Era tal el celo con que se custodiaba este material que se registraban a los mineros que trabajaban en las minas para que no se llevaran escondido ni un trozo de mineral. Se consideraba esta acción un delito que se podía llegar a castigar incluso con la pena de muerte.
A medida que las minas de grafito europeas, comenzaron a producir menor cantidad de material, quiénes hacían uso y abuso del mismo se vieron obligados a buscar soluciones alternativas.
En el año 1750, Kaspar Faber, artesano de Baviera, mezcló el grafito con polvo de azufre, antimonio y resinas, obteniendo una masa espesa y viscosa que convertida en varita se conservaba más firme que el grafito puro. Kaspar llamaba "plomo" al grafito, un mineral de color negro agrisado, graso al tacto, compuesto casi exclusivamente de carbono y sumamente blando.
Las primeras minas se fabricaron con varillas de grafito y después ante el agotamiento del yacimiento inglés, se empleó material sobrante de menor calidad, pulverizado y aglutinado con colas, sin que se obtuvieran buenos resultados. Más tarde su calidad fue mejorando al incorporarle otras sustancias como el azufre.
Su producción y venta recibió un fuerte impulso a mediados del siglo XIX, de manos del barbero Lhotar Faber, quién adquirió una mina de grafito en Siberia, obteniendo una producción muy grande.
Lothán disgustado y perjudicado por las imitaciones logró en 1874 que el Reichstang promulgara una ley para proteger su marca, lo que convirtió a su lápiz en el primer artículo patentado en Alemania.
En 1790, el químico e inventor francés Jacques Nicolás Conté, por orden de Napoleón Bonaparte se dedicó a hacer lápices dada la escasez que había de ellos a causa de la guerra con Inglaterra.
En 1795, produjo por primera vez lápices hechos de grafito, previamente molido con ciertos tipos de arcilla, prensado en barras que horneaban en recipientes de cerámica, esta fórmula se continúa utilizando hoy día. Estos lápices, por fuera se rodeaban con madera de cedro. Pronto se impusieron en todo el mundo.
Otras documentaciones indican que el verdadero inventor fue Josef Hardtmuth que descontento con la baja calidad de los utensilios que disponía para escribir, tuvo la ocurrencia de mezclar arcilla con un poco de grafito, formar unas minas, cocerlas y sumergirlas posteriormente en un baño de cera para que el grafito dejara rastros en el papel.
Añadiendo unas cantidades determinadas de arcilla a la mezcla, pudo determinar el grado de la dureza del lápiz. En 1792 fundó su propia empresa en Viena.
En 1892, el ebanista e inventor William Monroe, de Concord (Masachusets), fabricó una máquina que producía estrechas tablillas semicilíndricas de madera de 16 a 18 cm. de longitud. A lo largo de cada tablilla, el aparato producía estrías justo en la mitad del grosor del delgado semicilindro moldeado. A continuación Monroe unió las dos secciones de madera, pegándolas estrechamente en torno al grafito. Así fue como nació el lápiz tal y como lo conocemos en la actualidad. La dureza de los lápices depende de la proporción entre grafito y arcilla; cuánto más grafito tiene, más blando y oscuro es el trazo del lápiz.
En el transcurso de los años el lápiz fue perfeccionándose en su confección y en la funcionalidad de las minas (hay lápices de carpintero, de color, de crayón, de golf o con portaminas, etc.). En el siglo XIX se introdujo la goma de borrar en el extremo del lápiz.
Lo curioso de este invento es que su estructura actual es prácticamente la misma que hace 200 años.



