Las mujeres de la isla de Creta en la época minoica no eran nada pudorosas. Mientras las demás se vestían con túnicas largas y cubrían sus cabelleras, ellas llevaban vestidos pegados al cuerpo y pelo suelto. Era tan similar a la moda del 1900 europeo que ante los frescos de Phaestos los arqueólogos denominaron a ésas mujeres las parisiénnes. La única diferencia estaba en que los escotes de las cretenses era tan pronunciados de dejaban los senos completamente desnudos. Probablemente de ahí venga el término discreta, lo que no proviene de la isla que fue la debilidad de Homero y en dónde Dédalo construyó su famoso laberinto.
Este complejo arquitectónico tenía por finalidad ser la guarida del hijo bastardo de Pasifae, la reina, que había estado de amoríos con un toro blanco. De la infidelidad nació Asterión, mitad hombre, mitad toro. ¿ Por qué el padre de los dioses castigó tan duramente al rey? Para que siguiera protegiendo la isla, Minos debía sacrificar una vez al año el toro más bello en su honor. Cuando lo puso a prueba, mandándole un toro excepcional, pudo más la ambición del rey, que faltó a la palabra dejó vivir a la bestia en la pradera cercana al palacio. Según los griegos la ambición se castiga con la traición. Y la traición con la verguenza, que ya sabemos, es hermana de la eternidad y de la historia.



