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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 23/oct/2016 de La Auténtica Defensa.

Una Mirada de Fe
Por María Cristina Solís




Predicar el evangelio es un Deber.

En 1 Corintios 9:16, Pablo sostiene que "es una necesidad impuesta". En la versión Nueva versión internacional, igual que en muchas otras versiones dice "estoy en la obligación de hacerlo, lo que quiere decir que siente "una presión sagrada que le impide no hacerlo". Pablo consideraba predicar como un "deber sagrada que no podía ignorar", ya que la salvación de uno mismo no acaba en uno. Esto se debe a que cuando nosotros recibimos la salvación, Dios puso en nosotros la expectativa de que por medio de uno que ya recibió la salvación, otra persona conozca el Evangelio y sea salva también. Por eso, el Señor no nos da a elegir si queremos predicar el evangelio, sino que nos lo ordena.

Los más experimentados en la fe denominan a esto "una orden terrenal" o "el gran mandamiento" que es la conclusión de los cuatro evangelios y forma la introducción a la tesis principal del libro de los Hechos. El Señor nos ordena que hagamos discípulos a todo aquel que no ha escuchado el evangelio (Mateo 28:19). También dice que prediquemos el Evangelio a toda criatura (Mateo 16:15) y que nos envía (Juan 20:21) al mundo con el objetivo de predicar el arrepentimiento y el perdón de pecados (Lucas 24:47), y que seamos testigos desde el lugar más cercano hasta lo último de la tierra (Hechos 1:8). En términos militares, no cumplir con esa orden sería un "desacato a la autoridad". ¿Creen que semejante incumplimiento es una falta menor?. Por esta razón Pablo afirma que le espera un mal si no le obedece.

Predicar el evangelio es un privilegio. Sin embargo, Pablo no se aferra por completo a la necesidad que le fue impuesta porque de sentirlo solo como una obligación se cansaría fácilmente y también sería un sufrimiento. Por eso Pablo afirma que si cumple con su deber tendrá una recompensa: "[..] si lo hago de buena voluntad, recompensa tendré". Si predica con alegría y de buena gana recibirá una recompensa. En este sentido, para el cristiano predicar no es solo un deber sagrado, pero también un privilegio especial con la promesa de un valioso premio. Y no debemos pensar que tal recompensa es solo la corona que recibiremos en el cielo, ya que en el versículo 18 Pablo revela cual es tal recompensa: "¿Cuál, pues, es mi recompensa? Que, predicando el evangelio, presente gratuitamente el Evangelio de Cristo, para no abusar de mi derecho en el Evangelio". De esta manera afirma que su recompensa y su privilegio especial es el simple hecho de predicar abandonando todo derecho especial del que pueda gozar. ¿Comprende esta paradójica confesión?.

Hace unos años, uno de los ancianos de la iglesia que es el director de una clínica privada me contó lo siguiente: Había una anciana que hacía mas de diez años atrás trabajaba allí como voluntaria y como el anciano estaba muy agradecido le dio dos mil dólares el Día de acción de gracias. Pero la mujer se lo devolvió y le preguntó: "¿Porqué quiere quitarme mi recompensa? Si me da esto parecería que fui voluntaria solo para obtener una recompensa material. Si recibo esto no pondré seguir trabajando aquí con alegría". Justamente esta es la confesión de Pablo. Para él , el simple hecho de predicar le traería alegría y era el motivo de agradecimiento. E incluso el sufrimiento que había atravesado predicando era un gozo. ¿Podríamos decir que es "la emoción de cargar con la cruz?" Esto es algo que pueden comprender quienes predicaron varias veces.

Predicar el Evangelio es un llamado. Si bien, Pablo predica alegremente y de buena voluntad, tal sentimiento no siempre lo acompaña y explica que aunque no suceda la misión es un llamamiento que no podemos abandonar. Y sostiene "[…]pero si de mala voluntad, la comisión me ha sido encomendada". El verbo "encomendada" utilizada aquí es la misma que se usa cuando el propietario de una casa le encomienda tareas a su mayordomo. Pablo entiende la prédica como una tarea que Dios le encomendó a él por ser su familia porque confía en él. Dios no le encomienda ese deber a un ángel, sino únicamente a sus hijos.

Después de su muerte en la cruz, Jesucristo fue puesto en una tumba labrada en la roca y sellada con una gran piedra. Para prevenir toda mistificación, los judíos mandaron que la tumba fuese vigilada por unos guardas. ¡Qué estupefacción cuando, el domingo por la mañana, la piedra rodada reveló que le cuerpo de Jesús ya no estaba allí!. Entonces los jefes religiosos sobornaron a los guardas para que dijesen que sus discípulos se habían llevado el cuerpo. Desde entonces muchas teorías fueron añadidas a esta gran mentira para tratar de negar la resurrección de Jesús. Pero, ¡que evidencia!, el cuerpo ya no estaba allí, y había testigos que contaban su encuentro con el Cristo resucitado. ¿Por qué darle tanta importancia a la resurrección? Porque es el elemento fundamental para la fe cristiana. Al resucitar a si Hijo, Dios mostró su total aprobación a la obra de Cristo en la cruz. Como Jesús resucitado fue recibido en el cielo, el creyente, beneficiado de la obra de Jesús, sabe que pronto será llevado junto a su Salvador.

Hasta el próximo domingo, una antorcha encendida en Campana.


 
P U B L I C I D A D






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