Todos los árboles son sagrados, pero algunos han sido más adorados que otros a lo largo de la historia. Continuando con la serie Árboles de Poder, hoy le dedicaremos la columna al Fresno. Considerado la madre del bosque, éste árbol es considerado por las Eddas poéticas "el más grande y hermoso de todos los árboles. Sus ramas sostienen el cielo y sus frutos son las estrellas". Para los escandinavos y su mitología es el mismo Árbol de la Vida, llamado Yggdrasil, portador de los nueve mundos. La Tierra, Midgard, está en el medio de las moradas, por eso su traducción es tierra del centro, Middle- Earth o Midland, según Tolkien.
En una de sus tres raíces las hermanas Nornas tejen la trama de los hombres, en otra la cabeza del gigante Mimir aconseja a los que buscan sabiduría y en la tercera los antiguos dioses, los Ases, se juntan para celebrar la llegada de los justos.
El fresno, junto con el roble son la madre y el padre vegetal, el ying-yang que otorga a quienes los aprecien equilibrio y estabilidad. Por su conexión con lo femenino y la luna el fresno, en la herboristería clásica, es considerado una fuente de propiedades medicinales y depurativas. Sus hojas cocidas son un purgante natural que no produce cólicos y su infusión cura la gota y el reumatismo. Según Ignacio Abella y su bella obra La magia delos árboles, con la madera de éste árbol se torneaban cuencos medicinales muy buscados en Galicia. Con el sortilegio adecuado, curaban la erisipela.
Abrazar un fresno revitaliza el ánimo y aleja las pesadillas. En época de hambruna, sus ramas tiernas, molidas, se convertían en harina con la que se horneaba el pan. En el día de la madre celebramos recordando al más tierno y maternal de todos los árboles, rodeando su tronco en un gran abrazo imaginario.



