En Delfos, hace muchos años, hubo sequía. Los habitantes sabían que la única manera de sobrevivir era pidiéndole alimento al rey Delas. Hicieron una larga fila delante del soberano y cada uno de ellos recibió de sus manos algo para comer. Los notables fueron los primeros, luego los sacerdotes y después los ciudadanos comunes. Por último, una niña desprotegida, Carila, tendió sus manos al rey y éste, furioso por haberse quedado sin nada, desató su sandalia y se la arrojó en la cara. La huérfana, tras el desplante, se encaminó a los abismos de las Fedríades y se ahorcó en las ramas de un árbol. La hambruna se acentuó. El rey, desesperado, consultó el famoso Oráculo. La Pitia, en transe, le ordenó a Delas " Reconcíliense con Carila, la virgen muerta". Pero nadie se acordaba de Carila. ¿ Quién era? Cómo encontrarla?
Fue una Tíade, sacerdotisa de Dionísio que la vio tiesa en la soga, como una madera al viento y la llevó en brazos hasta la ciudad. La cuestión entre los delfos era ¿cómo se repara el error de la indiferencia? Los sabios Hosiói y el rey reflexionaron durante semanas. Su inocencia era tan grande que iluminaba una verdad insoportable. Decidieron que durante ocho años simularían la escena de la repartija de alimentos, sustituyendo la pequeña Carila por una muñeca. El rey la humillaría arrojándole su sandalia. Luego, la colgarían del mismo árbol y por último, la sepultarían con honores, una al lado de la otra. Durante siglos se celebraron ceremonias junto a la tumba de la niña y sus ocho muñecas.
Esta semana fuimos testigos del crimen hediondo de Lucía Pérez en Mar del Plata. ¿Cuántas semanas pasarán hasta que la olvidemos? Parodiando a Plutarco y su famosa frase "¿Quién era Carila entre los delfos?", pregunto ¿quién era Lucía entre nosotros?



