El próximo tres de octubre se inicia la celebración de Rosh As Shaná , que significa Cabeza de Año. Esto se dá en el mes de tishrei, que para el calendario gregoriano corresponde al octubre y culmina diez días después en Iom Kippur, o Día del Perdón para el pueblo judío. Según la Cabalah ése período predestina todo lo que ocurrirá en el año. Los fieles deben seguir los preceptos de la Torá , asistir al templo, abstenerse del trabajo y de las habladurías. Para nuestros primos de fe es una festividad que nos compromete a pedir disculpas a quienes herimos, poner la pizarra en blanco nuestra vida y el corazón en paz.
Según la Torá, libro sagrado de los hebreos, se conmemora el día en el que Dios creó al hombre y comenzó el contaje de los años, que hoy suman 5777.
También se la conoce como Fiesta de las Trompetas. En el templo se reza por todos los presentes, fallecidos y sus intenciones, el rabino recuerda el momento de la Creación y suena el Shófar, cuerno de carnero que anuncia el porvenir.
Algo particular de Rosh As Shaná es la anulación de las promesas y el retorno a Dios. Se borran las promesas que uno recuerda haber hecho y se pide por las que ya no recordamos.
La Cabeza del Año da inicio a diez días de reflexión y balance, en donde se comparten manjares y se visita la tumba de los justos. Iom Kippur, la ceremonia que le sigue, es el momento en el que, según la Torá, Dios juzga a los impiadosos y reconoce al misericordioso. Se estrenan prendas y se renuevan vajilla y blanquería.
En una época en dónde la humanidad busca la esencia de las religiones y el ecumenismo, no está mal que nos sintamos invitados a celebrar el sentido profundo de ésta festividad con nuestros hermanos judíos. Empecemos por saludarlos diciendo Shaná Tová, que significa buen año . En el caso de que nos quede alguien que hayamos ofendido, viene bien un pedido de disculpas y a quienes amamos un gracias por estar a mi lado.



