Henrich Zimmer fue un autor extraordinario que estudió la India a fondo. Nació en Alemania y por razones obvias se fue a Inglaterra en 1938 y luego a Estados Unidos. Carl Jung editó sus obras póstumas y Joseph Campbell lo alabó hasta la eternidad, en su obra Las Máscaras de Dios.
Todo aquél que se interese por la India profunda lo invito a conocer su obra.
Para la que les habla fue un maestro escondido, ésos que sin estar, siempre estuvieron y estarán. En su obra Filosofías de la India encontré un párrafo que atesoro en mi memoria, que habla sobre el Acto de Verdad. Es algo que se practica desde hace milenios en el Valle del Indo, que se encuentra en los Vedas y que es tomado en cuenta por todo aquél que quiera cambiar su existencia. Cuando las cosas no salen bien, el poder que encierra ése gesto es capaz de ordenarnos nuevamente. Para explicarlo mejor, Zimmer cuenta una historia.
Hace muchos años un rey que lo tenía todo dudó de sus consejeros. Pensó, si realmente son tan buenos, deberían poder hacer que el Ganges fluya al revés. Como los reyes, reyes son, nadie le sacó la idea de la cabeza. Naturalmente, no logró que ninguno pudiera hacerlo. Persistente, como buen soberano, ordenó que se hiciera un festival en dónde citaba a todos los habitantes del reino a intentar hacer que el Ganges fluyera en dirección a las montañas y no al mar. El que lograra la hazaña, tendría la mitad de su riqueza. Una mujer lo logró. Una prostituta. Frente a todo el pueblo, dijo en alta voz: nunca disfruté con el sexo. Engañé a los hombres, haciéndoles creer que eran magníficos. Me enriquecí con ellos y pocas verdades salieron de mi boca desde que empecé mi oficio, hasta el día de hoy. Extrañamente, el Ganges empezó a correr al revés.
El Acto de Verdad sanó a la prostituta y al rey. Ambos volvieron a creer en la fuerza de una confesión.



