En el contexto socio- educativo actual se torna necesario y urgente hablar de "Alfabetización" y no sólo de alfabetización infantil sino también de alfabetización de adultos. En esta columna, continuamos haciendo mención a algunos conceptos que consideramos claves, y para ello hemos considerado el libro de la autora Beatriz Pujato, bajo el título "El ABC de la alfabetización" (editorial Homo Sapiens, Rosario, 2009).
En la columna anterior, habíamos hecho referencia a la UNESCO, en tanto organización internacional que tiene por objeto (1) fortalecer la enseñanza en países con población socio-educativa vulnerable, y (2) garantizar la enseñanza de calidad. Habíamos, también, aclarado los términos de "analfabetos puros" y "analfabetos funcionales".
Hoy, puntualmente, nos abocaremos a hablar de la "Alfabetización Infantil". Es sabido que en el proceso alfabetizador el niño debe adquirir la "visión alfabética". En primer lugar, es necesario aclarar que los seres humanos tenemos la capacidad innata del lenguaje. Pero la lengua, en tanto sistema de signos, es adquirida. Esto significa, que el lenguaje es algo dado, natural; pero el código lingüístico (en este caso, el español) es algo creado y, por lo tanto, debe ser adquirido, aprendido.
En segundo lugar, que el niño adquiera la visión alfabética significa que el niño debe desarrollar en el proceso alfabetizador dos cosas de suma importancia: (1) la conciencia ortográfica, (2) la conciencia fonológica.
Beatriz Pujato sostiene que la conciencia ortográfica supone la comprensión, por parte de los alumnos, de que escribir implica el dominio del sistema. Nuestro sistema es ortográfico, por consiguiente, es significativo el reconocimiento de todas las marcas gráficas de la escritura, tanto como la valoración del acto mismo de escribir.
Por otra parte, Beatriz Pujato dice que la conciencia fonológica permite que los niños puedan tomar conocimiento de los sonidos que conforman las palabras. Sabemos, que al ingresar a la escuela, los chicos conocen y utilizan su oralidad de manera funcional, no confunden las palabras. Esto no quiere decir que puedan reflexionar sobre la estructura fonológica de los términos que usan.
Beatriz Pujato afirma que existen dos planteos teóricos respecto de este tema: uno que sostiene que la conciencia fonológica mejora el proceso lector y otro que afirma que es la acción de escribir la que permite reflexionar sobre los componentes fonológicos.
Más adelante, Beatriz Pujato señala que es muy importante la intervención del docente en este proceso alfabetizador. Pujato dice que si se respeta el proceso de escritura infantil y no se les exige a los chicos la copia sin sentido de palabras u oraciones, podemos observar que éstos demandan fuertemente a su maestro pidiéndole su colaboración continua.. de esta manera, durante todo el primer año de la Escuela Primaria, el maestro se ve requerido en relación a sus intervenciones porque los alumnos producen escritos que ponen en evidencia desigualdades nociones sobre la lengua escrita. En ocasiones, los niños escriben haciendo garabatos o pseudoletras, otros escriben palabras completas o trazan algunas letras convencionales, aunque todavía no reconozcan la relación existente entre esas letras y los sonidos correspondientes. Dada la heterogeneidad de saberes, el docente tiene que realizar un planteo claro que le permita enseñar a todos, resalta Beatriz Pujato.
Por último, Pujato recalca que cuando aparecen desafíos ortográficos, el maestro siempre tiene que mostrar la escritura correcta de la palabra; a medida que los alumnos la vean en diversos textos, también ellos la escribirán así.
Beatriz Pujaro dice que toda propuesta de alfabetización infantil se debe articular a través de dos tareas fundamentales: la escritura mediatizada por el docente y la escritura individual de palabras y oraciones en contexto. Durante las situaciones de escritura inicial, Pujato dice que los alumnos suelen buscar información que les sirva, tratan de apoyarse en elementos de referencia tales como: la cartelera de asistencia con todos los nombres, el calendario, el nombre de los cuentos leídos, o fichas con palabras nuevas que han sido utilizado en otras áreas disciplinares. Estas tarjetas se transforman en un banco de datos que se va aumentando con el tiempo y puede ser fuente para explorar nuevas escrituras. En todo el proceso alfabetizador, Pujato dice que la figura del maestro es fundamental en la medida que constituyen un inagotable recurso para los chicos ya que, en general, intervienen mostrando palabras bien escritas, responden preguntas y brindan ejemplos.
Ana Carolina Erregarena / Licenciada en Letras (UBA, 2000)



