Quiero contarles una de las muchas historias que me tocó vivir a lo largo de mi modesta pero hermosa tarea de cronista deportivo. Fue en la última de las categorías de fútbol de AFA. En donde de verdad se reflejan los enormes sacrificios que hacen sus protagonistas. Categoría de modestos presupuestos, donde no hay concentraciones. Los jugadores se encuentran en la cancha 90 minutos antes del partido. Algunos llegan caminando, otros en colectivo, la mayoría en bicicleta. Muy pocos tienen auto, por eso la impuntualidad no es el peor de los pecados ni se castiga con severidad. Si se suspende el partido un día sábado por la lluvia y no queda otra alternativa que jugarlo en día de semana, por razones lógicas de trabajo, cuesta una enormidad armar el equipo. Estadios con poca convocatoria de público. Si el partido es complicado por el tema de la seguridad, entonces se plantea otro problema más, si la recaudación permite cumplir con la gente encargada de garantizar el orden. Como se puede apreciar el esfuerzo de dirigentes, jugadores y demás colaboradores para que esto siga teniendo vida, es digno de todo elogio. Todo por amor ala camiseta que representa al querido club.
En esta categoría menor del fútbol de AFA, aconteció este hecho, que hoy les quiero relatar. Puerto Nuevo, tenía que jugar en la primera rueda de Visitante, nada menos que ante el Club Atlético San Miguel, un candidato firme para ganar el título. En un sábado a pleno sol, el elenco portuario llegó al estadio de San Miguel para cumplir con el citado partido. Minutos antes del inicio los jugadores campanenses salieron a recorrer el campo de juego y notaron con gran sorpresa, césped alto y suelo blando, además el utilero tenía sólo los botines con tapones comunes para jugar. Todos se preguntaron cuándo había llovido. En verdad, nunca. Fue una picardía del conocido técnico Adolfo Vásquez -años mas tarde lo sería en Villa Dálmine- para sacar ventaja. Y al final San Miguel ganó ese cotejo.
El torneo siguió su desarrollo con un San Miguel Imbatible, con record de compromisos sin conocer la derrota. En tal condición llegó a nuestra ciudad para disputar la revancha en el hoy desaparecido Estadio Municipal. Fue un encuentro donde se dio cita mucho público. Los antecedentes de los "verdes", más el buen equipo que ese año tenía Puerto Nuevo, generaron mucha expectativa. El partido se jugaba a todo rítmo, buena marcación del local y la visita que no podía imponer su superioridad en el campo de juego ni en el marcador. Termina el primer tiempo, los jugadores van caminando al vestuario junto con las autoridades encargadas de dirigir el cotejo, pero un futbolista de la visita nota mojada el área del arco que da espalda a la calle Ameghino.
Como es lógico suponer, se lo comunican de inmediato al árbitro, que enseguida verifica tal anomalía. Grande fue su sorpresa al ver el área con barro en una tarde de sol y además no encontraba el elemento que había originado el agua. De inmediato les solicitó a los hermanos Vallejos que consigan una bolsa de aserrín, para en parte solucionar el problema y poder continuar con el segundo tiempo.
Todos ahora se preguntarán de dónde salió el agua...Pasó lo siguiente: Orlando Contreras, el técnico de Puerto Nuevo, había quedado con mucha bronca por lo sucedido en la primera rueda y por lo tanto se tomó revancha. Consiguió una larga manguera, frente al arco de la calle Ameghino; la pasaron por uno de los huecos del desague y la hicieron introducir en el área cuando justo culminó la primera etapa. Un muchacho sentado en el tapial, le dio la orden a Gonzalito de abrir la canilla, como así también, que cuando el juez viniera a ver, retirar urgente la manguera. Por eso el réferi no pudo ver nada. Al final el cotejo prosiguió su desarrollo con algo muy importante para destacar. Esa tarde con gol de ese excelente capitán que fue Oscar Rodriguez, se le ganó a San Miguel por la mínima diferencia. (1-0) y cayó el invicto de quien luego sería el campeón de la "D".



