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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 28/ago/2016 de La Auténtica Defensa.

Las doce y el pescado sin vender
Por Arq. Jorge Bader




Jorge Bader

En el desarrollo reciente de las ciudades se manifiestan habitualmente algunos procesos paralelos. Al menos dos de ellos se verifican generalmente en ciudades emergentes como la nuestra. Surgen notorias desigualdades territoriales, como producto de procesos sociales, económicos, políticos y culturales de desarrollo diferencial o simplemente de apropiación diferencial del espacio.

Como consecuencia de estas circunstancias se produce una creciente fragmentación y dispersión el tejido urbano en relación casi directa con algunas situaciones sociales divergentes. Esa disolución del tejido social produce una trama heterogénea en el conjunto pero homogénea en los distintos barrios o sectores en que se fragmenta la ciudad.

Tomando como base el pensamiento de Max Weber, autor de la "Sociología de las Ciudades", podemos ver que la ciudad se fragmenta en enclaves diferenciados de acuerdo al nivel económico de la población, en una sucesión de espacios físicos que responden a parámetros sociológicos vinculados a un diferente estándar económico. Esto es algo así como "Pobreza expresada físicamente en villa marginales o riqueza en sectores asegurados y precintados como barrios cerrados", distintas formas de "ghetos", ambos fuera de la ciudad.

Paradójicamente cualquiera de esas dos realidades sociales expresadas en espacios físicos de un mismo territorio es aquello que esta por "fuera de la ciudad misma". Y sin embargo son parte de esa ciudad.

El desafío político es la integración de esas realidades en un proyecto urbano homogéneo. "En el reconocimiento de la esencia histórica del sentido de ciudad como lugar para el desarrollo de la vida urbana libre e integrada, estos "archipiélagos", podrían tener cabida en áreas de estructura abierta que pueda asegurar sus condiciones ambientales y su calidad de vida, pero también su vinculación con el todo", aquello que no me canso de llamar el "sentido de pertenencia".

Para restituir a la ciudad su fisonomía urbana y volver a recuperar esa noción de pertenencia a un todo sin exclusiones habría que iniciar definitivamente un debate urbano que permita trabajar sobre las centralidades, las áreas urbanas ya consolidadas y la periferia con una visión integradora, esto solo como una agenda primaria.

Weber considera que el proceso de extensión de la ciudad no cesa, lo manifiesta como un continuo, lo cual relativiza los códigos y revaloriza el proceso de planificación continua. Alerta sobre la revisión permanente de los comportamientos sociales para atender al proyecto de nuevos espacios urbanos ricos en calidad que permitan que esa expansión no distorsione el concepto de crecimiento destruyendo la trama social subyacente. Estos conceptos están plasmados en la sociología urbana de Weber en el año 1921. Si, exacto pronto serán cien años de pensamiento sociológico urbano. Y como decía mi abuela, "las doce y el pescado sin vender".

Esta visión sociológica del planeamiento urbano plantea un desafío central para los gobiernos locales. Ya que para plasmar un desarrollo ordenado no alcanza con la visión iluminada de un funcionario de turno, ni mucho menos con la interpretación libre del imaginario colectivo por parte de algún circunstancial decisor político local. La teoría de la planificación física territorial con base sociológica nos ha enseñado que es preciso tecnificar las decisiones con fundamento en el debate social de las movilidades urbanas y el proyecto de ciudad resulta en la manifestación física de las expectativas sociales sobre ese territorio.

Ya en el aspecto práctico Weber, establece algunos parámetros de acción concreta, por un lado trabajar sobre la consolidación y sostén de las áreas urbanas establecidas, que como consecuencia de la expansión de la ciudad genera áreas centrales que según él, se ven subutilizadas y reemplazadas sin haber sido saturadas y por otro lado actuar sobre el diseño de la periferia a partir de re centralizar y potenciar sus posiciones relativas manteniendo entre ambos algunas referencias morfológicas que lo referencien al todo en común. Para hacerlo practico lo que nuestro teórico sociólogo propone es trabajar sobre los espacios centrales modificando su norma de tejido urbano permitiendo otros usos del suelo mas densificados, manteniendo su calidad urbana plena de servicios y generar una periferia con nuevos centros propios, y una red de servicios similares a ese centro de modo que crezcan en su calidad urbana en forma equilibrada, ambas acciones unidas por vínculos de diseño común de modo que siempre se sepa que se pertenece a una misma ciudad.

Esta propuesta lejos de ser una utopía es un paradigma del pensamiento urbanístico, que lamentablemente no hemos capitalizado en nuestra sociedad. Sin temor a agobiar con mi reiteración, digo, hasta que no logremos instalar el debate de un proyecto urbano consensuado seguiremos viendo el fenómeno de dispersión como una desestructuración de aquel primigenio proyecto de ciudad de los hermanos Costa. O, dicho en otras palabras, después de tanto pensamiento sociológico aplicado, aun acá, seguimos sujetos al voluntarismo y la improvisación como simples espectadores de nuestra dispersión urbana.

Jorge Bader - Arquitecto, Matricula CAPBA 4015


 
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