Por qué es tan difícil perdonar? La cuarta obra de Misericordia espiritual es, sin duda, la más difícil de las que vimos hasta ahora.
El cuatro es un número de la concreción, importante en todas las disciplinas y se refiere al control.
En la Antiguedad los reyes eran llamados "señores de los cuatro mares", "de los cuatro soles" o de las "cuatro partes del mundo". Es el
número de los elementos (tierra, agua, fuego y aire), de los Arcángeles de la tradición judeo cristiana (Miguel, Gabriel, Ariel y Rafael) y de los Caballeros del Apocalipsis.
Para los sufíes hay cuatro puertas antes de llegar a la iniciación y para los alquimistas la cuaternalidad consiste en un axioma fundamental en la búsqueda de la Piedra Filosofal.
En el Camino Interior que propone la ejecución de las Obras, el Perdón es el terreno que la mente prepara para recibir la gracia divina, que opera en el alma. Nadie pudo jamás perdonar desde la razón, se perdona con el corazón.
Cuando se cree haber perdonado porque nos convencimos con argumentos que era necesario hacerlo, volvemos a foja cero en un santiamén.
Hay que darse tiempo para el perdón, no sentirse mal por no poder hacerlo de inmediato y confiar que el Gran Espíritu sanará las heridas provocadas por quienes nos ofendieron.
Imprescindible es aprender a pedir perdón. Nuestro orgullo muchas veces atonela palabras que debieran haber sido asignadas a quienes lastimamos. Hablar ordena nuestro archivo emocional.
En la medida que aprendamos a equilibrar la balanza del pedir y del recibir, nos daremos cuanta que
cuanto más nos hagamos cargo de nuestros errores, más sabremos cuánto daño hicimos alrededor.
Reconocer nos enfrenta a la emoción provocada y nos posibilita reparar el daño. Es tan simple y profundo como el Padrenuestro: "perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a quienes nos ofenden..."



