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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 31/jul/2016 de La Auténtica Defensa.

Los felices 99 años de Doña Rosa




"Si en ésta vida quieres gozar: ver, oír y callar". Esta es la frase de cabecera de Rosa Romano, vecina de Campana que el último viernes festejó 99 años en familia."No sé por qué he vivido tanto, ni yo me lo explico", dice con sencillez.

Dos hijas, seis nietos y trece bisnietos. Rosa Romano de Márquez cumplió 99 años y confiesa que ha vivido. Y trabajado mucho.

Se ríe de sí misma cuando se descubre diciendo que "antes era mejor" y aclara que eso no cuenta para los electrodomésticos. Es que en "sus tiempos", todas las tareas del hogar, incluyendo proporcionarse agua potable, era una tarea manual.

La única mujer de 6 hermanos, todos los días veía a Juan Alfredo Márquez a través de la ventana de la casa paterna. Juan, participaba del negocio familiar iniciado por su abuelo, Antonio Bellomo, y repartía diarios. "No me acuerdo bien -dice Rosa- pero estuvimos como dos años de novios. Cuando nos casamos, lo ayudé con el negocio y lo hicimos crecer. Llegamos a distribuir diarios a más de 100 canillitas".

Eran tiempos en los que el diario de papel era tan importante que no alcanzaba con la edición matutina y había mercado también para ediciones que salían por la tarde. "Había que ir a buscar los diarios hasta Escobar. Mi esposo iba en tren y volvía a la estación de Campana con los paquetes atados con alambre". Rosa lo esperaba con el carro tirado por un caballo, ayudaba a cargar, y de ahí a la distribuidora. Todos los días, tempranísimo a la mañana, y a la tarde antes de oscurecer.

Entre tantos recuerdos sobre Campana, Rosa se detiene en uno en particular: "La explosión de la refinería, en el año 1934. Nunca vi nada igual. Por la onda expansiva de las explosiones se abrían las puertas de las casas, volaban los vidrios de las ventanas, se levantaban los sótanos, se rajaban paredes… suerte que no había gente trabajando en la refinería y sólo hubo 3 muertos. El pueblo era chico y no había bomberos. Tardaron mucho en controlarlo. La gente dormía en las calles y en la plaza".

También cuenta que la empresa se hizo cargo de todos los daños ocasionados en las edificaciones y "más de uno aprovechó la ocasión. Por ejemplo, un vecino tenía persianas de esterilla a la calle y se hizo poner celosías de metal en todas las ventanas". Rosa se sonríe pícara, mira para abajo y calla.

Eran tiempos en que Campana "terminaba en la Plaza Italia, y después era todo campo" y no había mucho con qué distraerse. "El paseo dominguero era bajar a pie la Real, de la plaza a la estación. Era un mundo de gente". Los circos armaban sus carpas en "la canchita del Club Pirata", en el triángulo baldío formado por 9 de Julio, Sarmiento y Moreno. "Yo era chica y en carnaval íbamos a la calle Real a ver pasar los carros -autos no había- adornados con flores y plumas, los palcos se armaban en el centro de la avenida, y siempre había mascaritas y gitanos que venían con osos amaestrados que tocaban la pandereta".

Rosa no se queja de su vida. "Me dio hijas, nietos y bisnietos… y plata para pagar todo", pero señala que "antes se vivía con menos. Ahora todo es plata" y que en algunos terrenos hemos involucionado: "Ahora, cada uno vive su vida. No es como antes que el marido seguía a la mujer, y la mujer seguía al marido. Ahora se cansó del marido y la mujer busca a otro marido. Y así… los chicos ahora son más liberales. Cada uno es dueño de su vida. Antes no. La vida de los hijos eran de los padres. Mi papá decía: ´Yo vengo de trabajar, quiero a mis hijos en casa´. Nosotros éramos 6 hermanos y cuando venía mi papá todoslos hermanos estábamos en casa. A esa hora no salía ni entraba más nadie. No sé si ahora es peor o es mejor. Pero me parece que antes la familia era más unida".

Aún así, también encuentra cosas positivas del presente: "Yo vivo mejor ahora que antes. En la libertad de expresión, es mejor ahora. Cada uno puede decir lo que piensa. Antes si uno le levantaba la voz al padre, era una cachetada asegurada".

Rosa está muy lúcida,pero la tiene a mal traer una catara en uno de sus ojitos. Eso ya no le permite tejer, o jugar a la canasta, que tanto le gusta. Pero sí mira algo de televisión, por ejemplo. No se pierde ningún partido de Boca Juniors o de la Selección. También mira novelas y el noticiero: "Pero si hay muchas muertes, lo apago", aclara.

Le preguntamos por el secreto de la vida: "No sé por qué he vivido tanto, ni yo me lo explico. Creo que siempre hay que hacer algo, siempre seguir adelante. No mucho más puedo decir…" y sonriendo, tira su frase de cabecera, que ya es un clásico familiar: "Si en ésta vida quieres gozar: ver, oír y callar".


Rosa con sus hijas Elba y Marisa.


Dos hijas, seis nietos y trece bisnietos. Doña Rosa festejó sus 99 con toda la familia rodeándola.


Pioneros campanenses

Contaba Patricio Sartor en éstas páginas que en 1876 "uno de los llegados, por Ferrocarril, a poner una zapatería, fue don Antonio Bellomo. Don Antonio, de inquieto carácter, le alquiló una pieza para el local a la señora Elisa De Laidoit (sobre Calle Real, hoy Av. Rocca). Con el tiempo don Bellomo fabricaría zapatos a medida para hombres y niños, y los vendería en su negocio llamado El Porvenir. Bellomo también fue representante Nº 2 del diario La Nación en todo el país, desde 1870. Don Antonio representó al diario La Prensa y a otros diarios capitalinos, es más, no solamente tuvo zapatería, también tienda y confitería. Su hijo Juan siguió con la venta de diarios y revistas en el local de la calle Luis Costa". El nieto de Antonio y sobrino de Juan Bellomo, Juan Alfredo Márquez, además de casarse con Rosa Romano, siguió el negocio familiar de la distribución de diarios por varias décadas. "Mi esposo -señala Rosa- distribuía diarios a 100 canillitas".


Aún conserva un ejemplar del diario La República de 1934 “Depende del viento la suerte de Campana"


Hace 99 años…

Estados Unidos ingresaba a la Primera Guerra Mundial. Lenin tomaba el poder en Rusia y nacía la Unión Soviética. Aparecía la Virgen en Fátima, Portugal. Fusilaban a la bailarina y espía Mata Hari. Duchamp presentaba "Fuente" en una galería de Nueva York y nacía el Arte Conceptual. La Dixieland Jazz Band grababa el primer disco de jazz de la historia. Luego que Alemania hundiera varios buques mercantes argentinos,el presidente Yrigoyen expulsó al embajador germano, pero no declara la guerra. Carlos Gardel presentaba por primera vez en público su célebre "Mi noche triste" y ya nadie cantaría mejor.


Doña Rosa junto a su esposo Alfredo Marquez, cuando cumplió sus 70 años.

 
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