Una mujer joven pasaba por un mal momento. Estaba angustiada, sin rumbo y no sabía cómo superar las situaciones que la vida le había impuesto. Decidió hablar con su padre, un hombre sabio, que la escuchó sin apuro, mientras ordenaba la cocina. De pronto, él tomó un huevo, una zanahoria y un puñado de café y los colocó en tres cacerolas con agua. Le dijo --Hija, observá con atención. Esperaron que hirviera el contenido y zambulló en cada olla, por separado, cada elemento. En silencio, esperaron que pasaran los minutos y risueño, volvió a dirigirse a ella. --Qué conclusión sacás de lo que estoy haciendo?
Ella, sorprendida, acotó --La zanahoria se ablandó, el huevo se endureció y el café se diluyó.
A lo que él contestó, --Es cierto, pero si vamos más profundo verás que la zanahoria era hostil y se volvió
suave, el huevo era frágil y se hizo fuerte. --Y el café? preguntó ella. Él sonrió reconociendo los ojos curiosos de su niña que empezaban a brillar. --Ése es el más interesante de los tres.
Impenetrable y rústico, se transformó en una bebida fragante y deliciosa. Bébela. Así son los problemas, hija. Te harán por momentos más suave, otros más firme, pero serán los más complicados los que saquen a relucir tu verdadera esencia.



