Tecnópolis es un éxito. Chicos con sus familias, adolescentes y curiosos se agrupan en las sesenta hectáreas del parque temático más importante de Villa Martelli. Esperan hasta media hora para ingresar a las atracciones clásicas como el avión, el dinosaurio, el acuario o a las nuevas, como Pampa Azul, que muestra con lujo de detalle la fauna del Mar Argentino, los 40 robots de dinosaurios tamaño natural o el sector de videojuegos e Youtubers.
Icono de la era kirchnerista, Negróplis para los recoletos, es el boom de las vacaciones de invierno para el público de capital y alrededores. El último fin de semana reunió a más de 165 mil personas.
Tecnópolis, junto al Centro Cultural Kirchner son la prueba de que no todo lo creado en la gestión anterior fue lamentable. La propuesta de espacios populares en dónde se cultive el arte, la ciencia y la tecnología no es una herencia menor. Valorar lo construido y no arruinarlo es una actitud tolerante de lo más alentadora, que debe ser resaltada. No esperábamos menos de Cambiemos.
Los panópticos construimos relaciones, lugares e historia en lugar de destruirlos. Lejos quedaron los tiempos en los que los bárbaros avasallaban y eran respetados por su poder de fuego y muerte.
Las casas no tienen la culpa cuando se separan las parejas. Los escenarios no hacen mejores o peores a las obras de teatro. Dejemos de poner en las cosas la culpa del desamor que sufrimos o el mal momento que pasamos. Hagamos del Centro Cultural Kirschner y de Tecnópolis lugares de pacificación y de encuentro entre griegos y troyanos.



