Vecchio fue parte del proceso de crecimiento de la denominada "Generación Dorada" cuando los dirigió en Selecciones Juveniles. "Eran diferentes. Había que sacarlos de la cancha porque eran unos locos del entrenamiento", recordó.
En 1995, con Guillermo Vecchio como entrenador, la Selección Argentina de Básquet cortó una sequía de largos años sin poder clasificar a los Juegos Olímpicos. Y aunque en Atlanta 1996, el rendimiento tuvo picos altos (le jugó el primer tiempo de igual a igual al Dream Team y luego venció a Lituania), la clasificación a los Cuartos de Final se le escapó por una dolorosa derrota ante China. Eran años en que Argentina tenía como objetivo tratar de pelear entre los mejores ocho de las competencias internacionales. Pero también eran años en los que comenzaba a gestarse la denominada "Generación Dorada" que pondría la vara tan alto como tan impensado. Y Guillermo Vecchio fue parte del proceso de formación en las Selecciones Juveniles de Fabricio Oberto, Pepe Sánchez, Emanuel Ginóbili, Andrés Nocioni, Luis Scola y compañía.
-¿Hace 20 años atrás imaginabas que iban a ganar una medalla dorada y que iban a estar jugando un nuevo Juego Olímpico?
-Yo le dije que íbamos a ser los mejores del mundo. Ellos no me creían y se dio, pero por el esfuerzo de ellos, por el gran cuerpo de trabajo que tuve en ese momento. No me puedo olvidar de nadie. Y en esta última olimpíada que van hacer al menos tres de los muchachos (Scola, Nocioni y Ginóbili) los veo en un podio nuevamente.
-¿Qué les viste de distinto a ese grupo de jugadores?
-Todo. Eran diferentes. La manera de entrenar, había que sacarlos de la cancha porque eran unos locos del entrenamiento. Te lo digo ahora y se me pone la piel de gallina. Eran locos distintos. Entendieron lo que fue mi locura, pero no era locura, no era una utopía. Eran distintos. Fíjate lo de Pepe Sánchez, que está manejando toda una estructura de un club realmente maravilloso. Ahora están desandando todo esto como los mejores, como lo que son. Hoy la llegada de Ginóbili, la llegada de Nocioni, el volver de Delfino, marca que ellos quieren mostrar que se puede, quieren marcar un camino y se han dado cuenta. Por eso digo que van a llegar al podio. No lo digo por una cuestión de tirar una moneda al aire a ver qué me sale. Ellos han regresado, son como el último samurái. Los tipos regresaron para dejar una marca, para dejar una huella que sea imborrable en todo.



