Perros con obra social, escarpines, collares de oro y plata. Gatos transportados en bolsos de lujo, que viajan en avión y tienen un individual en la mesa. Se llaman Fiona, Vicky, Cintia, Leo, toman homeopatía y practican natación. En las redes sociales, tienen más "likes" que los humanos. En el cine, encantan a niños y grandes en las películas de Disney y Pixar. La Era de las Mascotas vino para quedarse. Algunos confiesan preferir su compañía a la de las personas.
¿Qué sucede cuando el amor a las mascotas se pasa de la raya?
Para la psicología, se trata de una neurosis obsesiva. Eso sucede cuando se otorga tratamiento humano a los que no lo son. Puede venir de la mano de la soledad excesiva, del resentimiento hacia la sociedad, infertilidad o síndrome del nido vació. Es común que las parejas que no pueden tener hijos traten a sus mascotas como tal.
Lo mismo sucede con los que los han tenido y se han ido de casa.
Los que van mas allá de lo habitual, los recogen de la calle en cantidad, los confinan y controlan sufren de Síndrome de Noé. Se estima que un dos por ciento de la población tiene ésa extraña conducta. Con la excusa de salvar a los animales disfraza su personalidad antisocial y ejerce un liderazgo de manada. No vacaciona, pierde a sus amigos y se aísla. Destroza la vida de quienes tiene alrededor. No falta el que tiene al perro matón y lo entrena para que ejerza la violencia que él tiene reprimida. Cuántas verdades puede ocultar el excesivo amor por los animales.
Amamos a nuestras mascotas, que quede claro. Pero el fanatismo siempre oculta algo bajo el poncho.



