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» Este artículo corresponde a la Edición del miércoles, 06/jul/2016 de La Auténtica Defensa.

Sobre nuestro reloj municipal, Miles Davis y el amor
Por Damián Mengual




Créase o no, la sonajería del reloj que engalana la torre del Palacio Municipal emula a la melodía del "Big Ben" de Londres. Pronto cumplirá 100 años, pero por una avería está mudo desde hace al menos 10.

"Ya por 1930, mi familia se había radicado en nuestra nueva casa de la calle Rivadavia, casi Mendoza (hoy Bertolini). Mis pocas incursiones más allá de la plaza, me hicieron notar un edificio en construcción en lo que hasta allí había sido un triángulo baldío. La curiosidad propia de la edad recibió una respuesta: esa sería la nueva Intendencia" recordaba Alides Cruz, en 2011, en estas páginas.

El comentario de Alides -Ciudadano Ilustre de nuestra ciudad fallecido el año pasado- era a cuento de la entonces reciente restauración de la fachada del Palacio Municipal de Campana. "Ya erguida la torre -continuaba- su reloj de cuatro esferas me permitía ver la hora desde mi casa a diez cuadras, un poco a la izquierda de la torre de la vieja iglesia. Eran los únicos edificios que sobrepasaban las viejas casas de dos pisos en ese entonces".

Consultado sobre el tema, el Licenciado en Historia Oscar Trujillo, no duda en compartir una cita de un texto inédito que prepara sobre nuestra ciudad: "En 1931, la Municipalidad, gobernada entonces por el Comisionado Luis Edo, solicitaba la colocación de un reloj en la torre. La empresa de Macchi propuso un presupuesto de $5 mil por un reloj inglés de marca Bailey & Co. Ltd., fabricado en Manchester: "impulso a pesas, ocho días de cuerda, péndulo de precisión, completa, con sus transmisiones, minutarías y cuatro cuadrantes (…) con numeración romana, en hierro fundido y cristales transparentes para su iluminación (…) dos campanas de bronce fundidas en el país, una de 100 kg y otra de 200 kg más o menos".

Nuestro Palacio Municipal, verdadera joya arquitectónica vernácula, fue inaugurado en el año 1934 y su construcción estuvo a cargo de los Arquitectos Macchi y Distasio. Dicho sea de paso, son los mismos que firmaron el envidiable "Teatro Coliseo" de nuestros vecinos zarateños.

Semejante lujo arquitectónico en un pequeño pueblo de casas bajas y poquísimas cuadras empedradas, fue posible merced al zanjeado de una disputa legal con la todavía compañía "Ferrocarril Central Argentino", de capitales ingleses, que había avanzado por las suyas -una avivada- sobre terrenos municipales que fueron ocupados ilegalmente con la construcción de nuestra actual estación de trenes. "Tras ganar el juicio, se consiguieron $118 mil en concepto de indemnización, que fueron destinados integralmente a la construcción del palacio que hoy disfrutamos", cuenta Trujillo.

Pero mi tema no es el palacio, sino su reloj: esa joya de la joya que, hace al menos 10 años, enmudeció. Crecí en Campana, pero no había prestado mayor atención a su sonajería hasta entrado en mis 30 años, hace 20. Terminada la secundaria, a principios de los ´80, tuve la suerte de poder irme a Buenos Aires a estudiar periodismo, me quedé algunos años trabajando, y retorné a Campana a mediados de los ´90.

Todo esto para explicar que cuando volví para quedarme, mi primera morada fue en el edificio que está en Av. Varela y Jean Jeaures, frente a la Shell. Mi departamento daba al contra frente, por lo cual no podía ver la hora a distancia como lo hacía de pibe el querido Alides (ahora que pienso, también fotógrafo), pero sí me tuve que acostumbrar a la sonajería del reloj, que nos avisaba cada 15 minutos que el tiempo es oro. Y por cada hora, nos regalaba una fuerte campanada. Que se entienda: si eran las 12 de la noche, el reloj daba 12 benditos martillazos sobre mi liviano sueño. Así las cosas, de repente, pasé del odio al amor. Y del amor, ahora a la nostalgia. Les cuento.

Resulta que para trabajar -léase escribir- yo escuchaba y escucho música. Generalmente jazz. En ese entonces, me había comprado un CD del trompetista afronorteamericano Miles Davis y, para mi sorpresa, el inicio de un tema totalmente desconocido para mí, me resultaba familiar. Pero muy familiar. No sabía bien por qué. Se me puso la piel de gallina cuando, caminando por la plaza, me di cuenta que la melodía del inicio del tema "If I were a bell" (Si yo fuera una campana) que tocaba un joven Miles, era exactamente la misma que desarrollaba nuestro reloj, como prólogo a sus campanadas.

Así pasé varios años: cada vez que ponía ese CD, me volvía a preguntar cómo era posible que ¿Miles Davis?, grabara en 1956 la misma melodía que la del reloj carrillón de una ciudad, potente pero menor, del tercer mundo. La respuesta me la dieron, por casualidad, YouTube y un video cualquiera, que mostraba al "Big Ben" de Londres -reloj carrillón por antonomasia, si los hay- ejecutando la misma amable tonada que escuchábamos en Campana todos los días antes de dar las 12 en punto…

Mientras escribo estas líneas, y gracias al dato que me aportara el documentado y memorioso Trujillo, se me ocurre una analogía más: quiso el destino que esta singular maquinaria que nació en la Manchester inglesa, encontrara su lugar en el mundo nada más y nada menos que en Campana, "La Manchester argentina", según nos bautizara un ignoto pero inspirado cronista del siglo pasado.

Ya conté por qué el amor. Ahora, viene la parte de la nostalgia. Es que hace al menos 10 años que nuestro reloj, ese que el Comisionado Luis Edo mandó a comprar con el dinero bien peleado a los ingleses del ferrocarril, se averió y ya no nos canta las horas. Sólo las marca. Son tiempos -otra vez- difíciles y es claro que cada peso cuenta. Por eso, pedir por su reparación, cuando hay tantas necesidades, bien podría tildarse de insensible y superficial.

También es cierto que frente a una teórica recaudación de $1.100 millones anuales, afectando una fracción, se podría crear un fondo especial y ahorrar el dinero necesario a lo largo de varios períodos legislativos. Ahora bien, ¿Y si no hiciera falta dinero? ¿Si tal vez sólo se trate de encontrar entre nuestros vecinos a un ingeniero o a un técnico mecánico con pasión e ingenio? Tanto inescrutable fierro viejo cobra nueva vida en nuestras fábricas y talleres, ¿y en la Manchester Argentina no somos capaces de restaurar y ajustar los engranajes de un viejo carrillón?.

Como sea: ojalá que cuando el Palacio Municipal cumpla sus primeros 100 años de vida -faltan apenas 18, pero son bastantes- ya se haya saldado esta deuda que tenemos -otra más- con nuestro patrimonio arquitectónico y nuestra memoria. Feliz 6 de Julio para todos.


La torre del Palacio Municipal y su reloj: el gigante de antaño, rodeado por el futuro.

 
P U B L I C I D A D






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