La importancia de reconocer que las ciudades son entes vivos, tanto como lo son los grupos sociales y los individuos que las componen y cuya actividad se expresa en usos y abusos del territorio.
Toda ordenanza territorial, para que resulte exitosa, debe surgir del consenso y la internalización social de su contenido
La puesta en marcha de un proceso de planificación urbana no se agota en la confección de una norma estática sino en el procedimiento que se establezca para la revisión permanente de los contenidos normativos y su adecuación a la dinámica de las ciudades.
Esto implica reconocer que las ciudades son entes vivos, tanto como lo son los grupos sociales y los individuos que las componen y cuya actividad se expresa en usos y abusos del territorio.
La participación social y comunitaria es sistémica por naturaleza y se refiere a la interacción de muchos actores dentro del sistema social. Por ello, la participación es valorada como contenido democrático y necesidad humana fundamental. Desde la psicología comunitaria se pueden citar antecedentes y trabajos múltiples como antecedentes de estos procedimientos exitosos. Según Sánchez Vidal, la intervención comunitaria debe potenciar y fomentar los recursos que existen en la propia comunidad, promover y facilitar la participación, basarse en principios de solidaridad y responsabilidad social y ser compatible con los deseos, intereses y necesidades de la propia comunidad. Un estudio efectuado por Krause y Jaramillo, sobre intervenciones psicológico comunitarias en Chile, sugiere que los programas de intervención en la ciudad deben basarse en el análisis de las necesidades de la comunidad y en la participación de éstas en el diagnóstico, diseño, implementación y evaluación de los procesos. La participación de los actores sociales ha contribuido a lograr diseños más adecuados y rentables ya que éstas asumen las estrategias de intervención como algo propio. El inicio de la psicología comunitaria se da en 1994 en Massachusets en el marco de una Conferencia internacional, y se define como un "modelo interdisciplinario, entre las ciencias sociales y la psicología, un campo de acción diferente, entre los individuos y la sociedad" para promover las acciones territoriales socialmente consensuadas.
Es a partir de este acto fundacional que aparecen los movimientos en prode la creación de institutos de participación para el debate del uso del suelo y el análisis de las dinámicas urbanas.
Coherente con esta línea de pensamiento, en la confección del Código de Planeamiento de Campana, se instituyo oportunamente un instrumento participativo, denominado Concejo Urbano Ambiental cuya función central es la revisión permanente de la normativa conforme la modificación de las actividades y las necesidades de adecuación de las ordenanzas a la evolución socio económica. La esencia de ese Concejo, como crisol del debate territorial local, era la participación plural y la construcción de consensos.
En la historia reciente el Concejo no tuvo la dinámica esperada y en las escasas dos o tres reuniones efectuadas no logro componer una agenda de trabajo que permitiera dinamizar su funcionamiento. Es sin duda el instrumento mas importante para la revisión del proceso de planificación, y la base para debatir los ejes del plan director de modo que la letra fría de la ordenanza final no sea un abstracto, sino un resultado de la verdadera necesidad social. Volviendo al concepto original de la "psicología comunitaria", toda ordenanza territorial, para que resulte exitosa, debe surgir de la internalización social de su contenido, Si la sociedad hace propio el concepto de la normativa, su cumplimiento y respeto está asegurado. En el caso opuesto se habrá de constituir simplemente en un escollo que lentamente será violado o caerá en desuso.
Arq. Jorge Bader - Matricula CAPBA 4015



