InicioFarmacias#DifusiónArchivoBúsquedaSesiones HCD
  Ir a la edicion del dia
MEDIO DIGITAL DE CAMPANA
BUENOS AIRES, ARGENTINA
sábado, 02/may/2026 - 13:14
 
Política y EconomíaInfo GeneralPolicialesEspectáculosDeportesNacionales
Twitter Facebook Instagram
» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 26/jun/2016 de La Auténtica Defensa.

Generando Realidades:
Una muerte elegida
Por Mariela Oppici




Aquél día llegué al trabajo, luego de hacerme unos estudios médicos. Me acomodaba en el escritorio cuando suena el teléfono, era mi tía. Su voz se notaba entrecortada y muy angustiada. Me dijo que me estaban pasando a buscar para llevarme a casa. -¿Por qué?, pregunté, mientras caminaba por la oficina. Al escuchar su respuesta, mis piernas se aflojaron y caí al piso. Mi mente se nubló, no había espacio para comprender lo que estaba pasando.

Esa mañana Mauri se levantó siguiendo la rutina de siempre. Se vistió como era su costumbre, con una chomba, bombachas de campo y alpargatas. Tomó unos mates con mamá, la acompañó a la puerta y se despidió acordando qué cenarían esa noche. En un rato él también se iba a trabajar y no se verían hasta pasado el atardecer. Sin embargo, sus planes eran otros.

Mauri es mi hermano menor. Estudiante de agronomía, amante del campo y la naturaleza. Córdoba era su lugar. Solidario, humilde y compasivo. Su folclore lo acompañaba a todos lados, Larrarlde, el Chaqueño y muchos otros. La guitarra y el mate nunca faltaban. Hacía poco había comprado su primer auto, un Ford Falcon, -esto sí es un auto- decía. Estaba organizando su cumpleaños número 22, pensaba sorprender a sus amigos paisanos con un cordero asado en San Antonio de Areco, lugar donde solían ir para la semana de la tradición.

Subió al altillo, el lugar que más le gustaba de la casa. La claraboya del techo le permitía ver el cielo. Imaginaba y soñaba, anhelando algún día poder atravesarlo y ver todo desde arriba. Le envió un mensaje a papá con el celular: "Cuida a mamá y las nenas, te quiero", apagó el teléfono. Sumergido en sus pensamientos y con lágrimas en sus ojos escribió en una hoja: "No soy pájaro para estar enjaulado, necesito ser libre" y así eligió su muerte.

Rostros y palabras recorrían la casa. Abrazos y lágrimas. Nada era suficiente para acallar el sufrimiento. Fui a su habitación esperando encontrar respuestas a lo inexplicable. Me recosté en su cama intentando sentir lo que él sentía. Tomé su ropa, sus libros, su música. Y allí encontré la hoja de una agenda escrita por él:

"Entre el cielo y la tierra
ave sin rumbo
soledad de un día de lluvia
pensé en el momento del mañana y mucho más…
alma quebrada
cansada de estar encerrada
grita y golpea queriendo liberarse
Abrumadora esperanza
me aterroriza en la noche
un escalofrío me recorre
sin nada en que apencarme,
sólo pido dormirme
pensando que ya acabó"

Del pasado tomé lo que me servía, dejando atrás muchas otras cosas. Pude fortalecerme resignificando mi existencia para poder seguir, pensando que el sufrimiento y el dolor debían dejarme una enseñanza, para que nada haya sido en vano. Aquél vacío que quedó, no puede llenarse, no puede reemplazarse. Simplemente se debe aprender a vivir con el dolor. Me acompañan los recuerdos, su mirada y sus abrazos que busco en el espacio e intento encontrar.

Por algún motivo la nostalgia se apoderó de él, dejando atrás sus proyectos y sus sueños. Aún hoy, despúes de 8 años, me sigo haciendo las preguntas que me hice aquél día ¿Qué pasaba en su cabeza? Podía hablar con nosotros, con sus amigos, pedir ayuda, compartir eso que tanto lo apenaba. Y sin embargo, no lo hizo. Si hubiese hablado, si nos hubiésemos dado cuenta de algo… ¿Podríamos haber hecho algo diferente?¿Lo podríamos haber ayudado? ¿Podríamos haber cambiado nuestra historia, su historia? Si tan sólo pudieramos haber hablado antes, si nos hubiese dado una oportunidad para ayudarlo le hubiera dicho que por más difícil y doloroso que pueda parecer todo, siempre va a haber alguien que nos saque de esa oscuridad, que nos de la mano y camine junto a nosotros. Por más que no tengamos esperanzas, que nuestros sueños se desvanezcan y no veamos un mañana, nada es tan terrible como para no seguir intentándolo. Si tan sólo le hubiera dicho esto antes de su partida, tal vez hoy la historia sería otra. Tal vez ahora lo veríamos siendo un adulto, cumpliendo sus sueños, compartiendo la vida juntos. Pero nada hay de lo que podría haber sido. El tiempo transcurre y él quedó con 21 años y mucho porvenir que nunca llegará. Ya no podemos volver atrás, su decisión fue irreversible. Sólo podemos aprender de nuestra historia, para convertirnos en mejores personas y persistir.

Me inquieta ver que la tasa de suicidios de jóvenes como mi hermano aumenta. Me duele pensar que otras familias tienen que atravezar por esta situación. Y más me duele que haya tantos adolescentes sufriendo, que se encuentran frente a un abismo sin salida sintiéndose solos, desesperanzados, inmersos en la pena y la desesperación.

Quisiera poder decirles aquello que no le dije a mi hermano, que no están solos, que siempre va a haber alguien con los brazos abiertos para ayudarlos.

Es importante que tomemos conciencia y reflexionemos. ¿Qué estamos haciendo o qué no estamos haciendo como sociedad para que esto pase? ¿Cómo lo podemos evitar?

No seamos indiferentes a la realidad del otro. Que los jóvenes no pierdan la oportunidad de ser adultos; y que cuando lo sean, puedan ser todo aquello que un día soñaron.

¿Qué opinas de esta nota? Escribí a generandorealidades@laautenticadefensa.com.ar

Mariela Oppici  / www.generandorealidades.blogspot.com


 
P U B L I C I D A D






Av. Ing. Rocca 161 (2804) Campana - Provincia de Buenos Aires
Tel: 03489-290721 - E-mail: info@laautenticadefensa.com.ar
WhatsApp: +54 9 3489 488321.-