En San Luis otro perro mató a un niño. Joaquín tenía un año y era vecino del dogo que le quitó la vida. Dos días antes, un pitbull atacó a una niña de seis años en Caseros, con el mismo triste final.
¿Razas peligrosas? Violencia expansiva?
El Panóptico, que ve todo desde diferentes ángulos, reconoce que los animales genéticamente preparados para la lucha no son los más indicados para estar cerca de los chicos. Pero, ¿es necesario manipular genéticamente a los animales para que sean más agresivos?
Si no es legal manipular biológicamente a humanos, no debiera serlo para ningún ser vivo. Es vox populi la crueldad con la que los laboratorios experimentan con nuestros amigos del Reino Animal. Aunque hayamos avanzado con la legislación pertinente, aún falta mucho para lograr el respeto a la vida que buscamos.
Desde la ventana de mi departamento de contra frente vi durante meses a un perro de mediano porte encerrado en un balconcito. Era pleno verano y el sol abrasaba. Fuimos muchos los denunciantes que recibimos la misma respuesta: mientras tenga casa y comida, no es considerado maltrato animal. Consolarlo a la distancia pasó a ser un ejercicio espiritual quasi budista. Una mañana, veo que un deambulador corre la cortina de voil blanco.
Era un niño hermoso, que se sostenía en el vidrio que daba al balcón y buscaba afianzar la atracción natural que todo niño tiene con los perros. El animal se puso rígido. Reconoció en el acto quién lo había reemplazado, quién disfrutaba de las caricias que antes eran suyas y del lugar que ocupaba en la cama matrimonial, mientras sus amos miraban televisión.
La tragedia se anunciaba claramente. Todos los niños son el niño y todos los perros son el perro.
¿De quién es la culpa, según su opinión?



