Uno piensa en la Roma antigua e imagina a Gladiator. Pocas películas logran representar con tanta veracidad lo que Russel Crowe, de la mano del director Ridley Scott, pudieron lograr, reconstruyendo la época de los emperadores.
Trajano fue uno de ellos. Vivió alrededor del año 115 DC, en un período de paz y prosperidad. Con él, Roma alcanzaba su esplendor.
¿Cómo era en ese momento, la Ciudad Eterna?
Según el historiador Alberto Angela, especialista en Imperio Romano, el corazón del mundo de ése entonces estaba compuesto por: 40 arcos de triunfo; 12 foros, 28 bibliotecas; 11 grandes termas y casi 1000 baños públicos; 100 templos; 3500 estatuas de bronce de ciudadanos ilustres (siendo 160 bañadas en oro); 25 estatuas ecuestres; 15 obeliscos egipcios, 46 prostíbulos; 11 acueductos; 1352 fuentes de mármol en las calles; 2 circuitos de carreras, el más grande, el Circo Massimo, para 400.000 espectadores; 2 anfiteatros para gladiadores, el Coliseo, para 60.000 personas; 4 teatros, el de Pompeo, con 25.000 lugares; 2 lagos artificiales para simular batallas navales, uno en la actual Plaza Navona; 1 estadio para atletas, el Dominicano, con capacidad para 30.000 espectadores. No faltaba el verde en sus 450 hectáreas, tres jardines públicos y bosques sagrados.
Una curiosidad, la palabra "palacio" proviene de Pallatino, una de las siete colinas de Roma, en dónde estaban las casas más fastuosas. Eso hace 1900 años atrás!
Hoy el Panóptico dedica su columna a José López, ex secretario de Obras Públicas. Muy lejos quedará de Trajano cuando pasen algunos años de su gestión. En lugar de una estatua de mármol le quedará una foto enterrando dinero en el jardín de un convento. Perdió la oportunidad histórica de hacer el bien, sin mirar a quién. No entendió que el poder no es de uno, sino a través de uno.



