El equipo que logró el primer ascenso de Villa Dálmine al Nacional B fue homenajeado ayer en Mitre y Puccini. Un momento de mucha emoción que reencontró a viejas glorias del club con el pueblo Violeta.
Este Villa Dálmine que atraviesa un presente repleto de satisfacciones no se olvida de su pasado. Y así como en el último partido de local de la temporada pasada se homenajeó al "Holanda de la C", ayer fue el turno del equipo campeón de la Primera B Metropolitana 1988/89.
De esa manera, el "Tano" Antonio Labonia, "Palito" Galván, "Chichín" Sena, "el Sapo" Barrios, el "Negro" Céliz y el "Mono" Acuña, entre muchos otros, llegaron temprano al estadio de Mitre y Puccini, donde compartieron, primero, un asado en el Salón Restaurant.
Allí tampoco faltó el director técnico de aquel equipo, Roberto "Pipo" Ferreiro, quien a sus 81 años también dijo presente para participar de este homenaje tan merecido al que también se sumaron dos "sobrevivientes": el Dr Jorge Papini y el masajista José Ortiz, dos que todavía siguen trabajando con el plantel de Primera División.
Ese Villa Dálmine se coronó el 25 de febrero de 1989: el empate sin goles ante Nueva Chicago le alcanzó para dar la vuelta olímpica ante su gente, luego de pelear el campeonato palmo a palmo con Argentino de Rosario.
Dos fechas después, en la última del torneo, el Violeta le pondría un broche de oro esa participación en la Primera B, ganándole 1-0 a Defensores Unidos de Zárate y condenando al "archirrival" al descenso a la Primera C.
Luego llegaría la posibilidad de disputar el Octogonal por el ascenso a Primera División, donde el Violeta cayó en primera ronda frente a Colón de Santa Fe. Pero eso poco importaba. Es que ya se había conseguido el objetivo: llevar a Villa Dálmine al Nacional B (creado años antes) por primera vez en la historia del club. Y así, el Violeta empezó a recorrer el país.
Luego de compartir el almuerzo, todos los jugadores fueron invitados a seguir el encuentro ante Estudiantes de San Luis desde la platea y, en el entretiempo, tuvieron su momento de mayor emoción: volver a poner los pies en el verde césped de ese estadio que tantas satisfacciones les dio.
Entonces, con los brazos en alto y los rostros húmedos, cada uno de ellos recibió la ovación de las tribunas de Mitre y Puccini y así revivió un pedazo de su historia; que es, ni más ni menos, también un pedazo de la historia de Villa Dálmine.
TODOS JUNTOS POSARON EN EL CENTRO DEL CAMPO DE JUEGO. COMO HACE 27 AÑOS ATRÁS.



