En la vida hay que tener un hijo, escribir un libro y plantar un árbol". El proverbio que sintetiza el sentido de la vida para los chinos parece no tener la vigencia de otros tiempos.
Es marcada la tendencia a nuevos modelos de familia, sin hijos. Ya un hogar no se fundamenta el la crianza de los niños y día a día se ven fórmulas innovadoras y poco convencionales. La humanización de las mascotas, que portan nombres de personas y ocuparán en breve el asiento en los aviones es un claro ejemplo de la crisis de valores del viejo paradigma.
Los países con mayor poder adquisitivo en Europa pagan jugosos subsidios a la maternidad y no son suficientes para alterar la tendencia de la baja tasa de natalidad. Las clínicas de fertilización en aumento dan muestra de lo mucho que se ha postergado la maternidad en pro de la realización personal.
Escribir un libro se ha transformado en un lujo para pocos. Si no se es un autor consagrado, figura pública o artífice de un escándalo, es muy probable que nadie se interese por el proyecto. El autor tendrá que conformarse con un blog, contar su vida en una red social o pagar su propia publicación, alternativa de lo más sensata para quienes quieran obedecer el consejo del sabio chino. Las editoriales grandes se van tragando las pequeñas y lo que venden son fórmulas trilladas, más conocidas como bestsellers, biografías de personajes mediáticos, new age y libros de cocina.
Cuanto a plantar un árbol, ése parece ser el reto más difícil de los tres. La disminución de los espacios verdes en la ciudad por la especulación inmobiliaria, el desmonte por la soja y la deforestación de la flora autóctona, lo demuestran. Han talado a medio país. No tomamos conciencia la importancia que tiene el verde a nuestro alrededor.
De los tres consejos chinos, hay que empezar por plantar el árbol. Es el más sencillo de todos.
Sin ellos no habrá libros.
Sin ellos no habrá niños.



