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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 21/mar/2004 de La Auténtica Defensa.

CARA O CECA: DOS CARAS DE UNA MISMA MONEDA
Nuevamente el horror




 

La semana anterior estábamos azorados ante el impacto de las bombas y no pudimos hablar. Nos dábamos cuenta de que manteníamos una distancia a la manera de una armadura para no claudicar. Pero después nos dimos cuenta de que esa misma barrera que nos aislaba del dolor nos aislaba también de la capacidad de pensar y esa condición, la de seres pensantes, es la que nos hace libres. Así que a no evitar ponernos en contacto ni con el sufrimiento ni con esta posibilidad de salida que es el contacto con ustedes.

En el inicio de los tiempos el hombre primitivo cazaba y mataba con el fin de sobrevivir. Es más, hoy en la actualidad ante situaciones extremas (tal es el ejemplo de la tragedia de los Andes) reencontramos respuestas primitivas como la antropofagia que creíamos ya perimida, costumbre arcaica. Sin embargo ante la situación límite reaparece. Es decir que esos impulsos de naturaleza elemental permanecen siempre. No son buenos ni malos; los nombramos de acuerdo a las relaciones que mantienen con necesidades y exigencias de la comunidad.

Probablemente esta situación sea la que nos ilustra algunos de los sentimientos más profundos y primeros que tenemos los hombres: el amor y el odio.

El que primero habla e intenta describir su origen fue Sigmund Freud en los primeros años del siglo 20,época paradigmática en estos temas del horror como lo fue la primera guerra mundial. Por ese entonces decía que tanto el amor como el odio, son sentimientos y no instintos que se presentan como tajantes opuestos y no mantienen entre sí una relación simple; que tienen orígenes primitivos y que tienen que andar un largo recorrido antes de llegar a la adultez. Esto es que desde los primeros momentos de la vida tomamos lo que nos gusta y rechazamos aquello que no nos gusta. Así nomás somos lo humanos. En el camino muchas de estos instintos son inhibidos, guiados hacia otras metas y otros ámbitos, se fusionan unos con otros, cambian sus objetos, se vuelven en parte sobre la persona propia.

En la medida que nos desarrollamos algunas reacciones se vuelven en lo contrario, como si de pronto el egoísmo tornara en altruismo y la crueldad en compasión. Estas mociones se suelen presentar en pares de opuestos desde los inicios de la vida. Se los llama ambivalencias, son fáciles de ver en los otros, así como también pareciera que el odio y el amor se contraponen en la misma persona. Cuando el vínculo de amor con los objetos se interrumpe es frecuente que se lo reemplace por el odio, que sale a destruir lo que lo rodea.

Las personas somos lo que hemos heredado, unido a las experiencias vividas en los primeros tiempos más lo actual. Todo esto organizado de un modo singular.

Nosotros creemos que esto es lo que está en la base de la acción terrorista. No somos analistas políticos, pero estamos convencidos que la vida necesita de un entramado lo más compacto posible. Que esa tarea en primera instancia es cumplida por los padres y más tarde por sus sucesivos sustitutos, llámense maestros, colegas, estados...

Que desde la responsabilidad que nos cabe como profesionales de la salud mental podemos participar en la difusión de esta comprensión y en la medida en que funcionen instancias intermedias como el derecho, y la delegación a él estas enormes broncas podrán ser mediatizadas con respuestas creativas. Nadie nos librará del dolor por la pérdida de tantas vidas. Pero en la medida que podemos conservar la capacidad para pensar estaremos en mejores condiciones de generar vida en lugar de muerte.

Lic. Patricia Katz. Lic. Sebastián Terrizzano.

Para comentarios y sugerencias escriba a: caraoceca@hotmail.com


 
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