Creciente - 12 de Mayo 2016, Canal Alem
(Por Matías Barutta) De diciembre a febrero estuve lejos. Por los diarios y voces amigas me enteré de la invasión de camalotes y del aumento en el caudal del Paraná. Volví para vivir la mayor creciente que recuerdo, no sólo por su altura sino por su estadía prolongada. Una creciente que a la fecha hace que cada viento que sopla del sudeste nos ponga en alerta.
Mi hogar en el Delta es una canoa. Condición semi-nómade que me permitió siempre ver un poco más que muchas y muchos isleños, restringidos a las necesidades de su tierra y su familia. Dichosa condición que lentamente me acercó a esos hermanos y hermanas que no conocen otro suelo más firme que el arcilloso del Paraná.
Frente a esta creciente, desesperante en su prolongación, me vi en la necesidad de estar más cerca que nunca de cada una de esas casas que por años me vieron pasar, para ayudar a pasar este mal rato en cuanto me fuera posible, ya sea canalizando donaciones, acercando agua y cigarrillos, o simplemente charlando para desahogar angustias y al aburrimiento.
Todo lo que pude hacer me sabe a poco, por eso la apuesta va por más, viendo quizás en este momento de crisis una puerta para repensar el bienestar de lo que hoy siento como mi pago.
Entre tanto, sin querer queriendo, una serie de imágenes fueron saliendo a flote. Quizás con la necesidad de hacer visible la situación y de denunciar la ausencia histórica de políticas públicas en el sector. Quizás con la necesidad de comprender el sentir y los modos de vida atados a una creciente.
Fotografías que se alejan de la urgencia e intentan llegar a ese permeable y húmedo interior que nos deja el río.



