Se vendió en Nueva York una extraña escultura por 17 millones de dólares. Su autor es el italiano Maurizio Cattelan, titulada "Him" . Se trata de un joven HItler arrodillado, en actitud infantil, arrepentido.
No se sabe públicamente quién la adquirió, ya que la casa de subastas más importante del mundo, Christie´s, no reveló la identidad del comprador.
El arte en la actualidad no busca agradar, más bien tiene la intención de inquietar. En el mercado de las galerías internacionales más importantes, son pocos los que buscan cosas bellas, que generen contemplación.
En los primeros tiempos de las ciudades - estados, en Mesopotamia; como en las civilizaciones pre colombinas, como la maya y la azteca, lo lindo estaba en los templos. En Japón y China éstos se fusionaban con la naturaleza. De ahí el término con-templar: mirar la vida desde el templo.
El Renacimiento llevó el arte a los palacios, galerías, espacios públicos y el Iluminismo y la Revolución Industrial transformaron esos lugares en museos, que hoy deleitan a los visitantes y turistas del mundo.
Las grandes guerras mundiales modificaron nuestra manera de ver y la fotografía tomó protagonismo.
¿Por qué admirar a alguien que pinta la realidad con detalle, si un simple click la retracta tal cuál es?
Los impresionistas pintaron la luz y el sentimiento, el cubismo fue más allá de la perspectiva del ojo humano. Hoy las pantallas suplen nuestro hambre de mirar. Se prenden y se apagan según nuestro deseo.
¿Por qué una escultura de Hitler niño, arrepentido, vale más que el presupuesto anual de muchos museos nacionales juntos?
"El Panóptico" cree que una imagen vale más que mil palabras y que una imagen inquietante, que no se prende o apaga con un click, vale más que un puñado de dólares.



