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» Este artículo corresponde a la Edición del viernes, 06/may/2016 de La Auténtica Defensa.

El Panóptico:
La venganza secreta
Por Fabiana Daversa






Fabiana Daversa

Algo anda mal en una sociedad en la que los ancianos son tratados con desdén. El paso del tiempo ya no otorga privilegios y atrás quedaron los tiempos en los que la figura de los abuelos inspiraba respeto. Quizá eso suceda porque en el pasado la vejez otorgó méritos excesivos y un poder desatinado. Y todo en la historia y en la vida, busca el equilibrio. Nadie es mejor o peor persona por tener más o menos años, pero no siempre se pensó de ésa manera.

En Babilonia, el Consejo de Ancianos administraba los bienes del pueblo. Los aztecas los llamaban calpules y eran los responsables por impartir justicia, en especial los litigios con tierras y propiedades. Los espartanos, famosos por su crueldad, otorgaban a los nobles con más de sesenta años , la Gerusía, la palabra final para la toma de decisiones. Y había que llegar a los sesenta hace tres mil años...

En la monarquía romana, el Senado, que comparte la raíz con la palabra senil, eran los que elegían al rey.

La primera etapa de la Revolución Comunista China, al comienzo del siglo pasado, acuñó una frase que ilustra el pensamiento de la época: el de ochenta aconseja, el de setenta decide y el de sesenta acata.

Ya en el ámbito religioso, la gerontocracia o poder de los viejos, no fue menor. El cónclave de cardenales que eligió a Juan Pablo II tenía el promedio de 80 años de edad. En Irán se sigue privilegiando al líder más añejo.

Es indiscutible que nada de eso justifica el maltrato y el abandono que sufren nuestros mayores. La verguenza e indignación que produce ver en lo que se transformó el PAMI, la obra social de los jubilados, nos hace pensar el encono, en la venganza secreta que un país joven ejerce sobre sus ancianos, a los que

debería proteger aunque no más fuera por agradecimiento. La única manera de reparar el error es pedirles disculpas por el atropello, admitiendo que todos hicimos la vista gorda a su abandono, tratarlos mejor en nuestra esfera personal y, luego, fortalecer las instituciones y los organismos que los protegen. Debemos darles el perdón histórico a nuestros viejos porque también es vox populi que los grandes sabios y los buenos vinos son los que el tiempo se ocupó de macerar.


 
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